viernes, 20 de junio de 2014

Capitulo 24

Ella estaba embarazada.
Paula observó la puerta cerrada por donde había desaparecido el
obstetra. Sí, había sentido un poco de nauseas. Sí, no había llegado
su período cuando debía, pero fácilmente le echó la culpa al estrés. La
locura de las vacaciones con su familia, el trabajo y Pedro. Y ¿por qué
habría de considerar la posibilidad cuando estaba tomando la píldora
anticonceptiva?
Las palabras del doctor resonaban en sus oídos.
—¿Tomaste alguna otra medicina el mes pasado? —preguntó él.
—No, sólo tomo Tylenol cuando tengo dolor de cabeza… pero, espere, lo
hice. Tuve neumonía atípica y tenía que seguir adelante… —Se detuvo
mientras el pensamiento arraigaba.
El doctor asintió.
—Antibióticos. Tu doctor debió haberte advertido que reduce los efectos de
la píldora. De hecho este desliz lo veo demasiado ¿Buenas noticias,
espero?
Un anhelo brotó desde lo más profundo y estalló como un destello de
emoción.
Sí, eran buenas noticias, al menos para ella.
Se subió detrás del volante de su Volkswagen. Luego descansó las palmas
en su estomago plano.
Un bebe.
Iba a tener un bebe de Pedro
Su mente volvió de nuevo a las últimas semanas. Se habían acercado,
hasta que el ritmo natural de esposos se había convertido en un
comportamiento habitual. La navidad con su familia parecía más relajada,
cuando Pedro hizo un verdadero intento por divertirse.
Le hacía el amor con tal pasión que tocó dentro de ella y atrapó su alma.
Creía que las paredes habían ido desmoronando lentamente entre ellos. A
veces lo atrapaba observándola con tan cruda emoción que ella perdía el
aliento. Aun así, cada vez que abría la boca para decirle que lo amaba, su
comportamiento se apagaba como un robot. Como si sintiera que una vez
ella dijera las palabras, no habría vuelta atrás.
Había esperado por el momento perfecto, pero ya no tenía más tiempo. Lo
amaba y anhelaba un verdadero matrimonio más allá de un contrato. Y
necesitaba decirle lo que había hecho con el dinero.
La tensión se arremolinó en su estomago. Él había rehusado a casarse con
Gabriella porque quería un hijo. Lógicamente, Pedro tenía miedo de repetir
los mismos errores que su padre. Pero paula esperaba que tan pronto se
diera cuenta de que el bebé era real, parte de él, finalmente se abriera y se
dejara amar.
Condujo a casa en un estado de excitación y expectativa. No decirle la
verdad ni siquiera se le había ocurrido. Esperaba una reacción de sorpresa
y un poco de miedo. Pero sus instintos le decían que finalmente Pedro
aceptaría la idea. Después de todo no había sido planeado, así que el
destino les había enviado este bebé por una buena razón.
Tercamente, paula pensaba que haría a su esposo feliz. Las noticias lo
obligarían a abrirse y finalmente arriesgarse.
Sabía que él la amaba. Estacionó el automóvil en el camino de entrada y se
dirigió a la casa. Old Yeller se acercó a la puerta para saludarla, y pasó un
buen rato acariciando sus orejas y besando su cara hasta que vio su
considerable batir de cola. Escondió una sonrisa. Si sólo su esposo fuera
así de fácil. Un poquito de amor y paciencia y su perro florecía.
Caminó hacia la cocina donde estaba trabajando duramente en la cena. Su
delantal anudado a la cintura lo declaraba CHEF DEL AÑO, un regalo de
navidad de su madre. Se acercó sigilosamente a él y caminó de puntillas,
abrazándolo fuerte y acariciando su cuello con su nariz.
—Hola.
—Hola.
Se sonrieron mutuamente.
—¿Qué estas cocinando? —preguntó ella.
—Salmon a la parrilla, espinaca, patatas asadas. Y ensalada por supuesto.
—Por supuesto.
—Tengo noticias —dijo él.
A
Paula estudió su rostro. Un destello de triunfo iluminó sus ojos y esos
labios esculpidos se levantaron en una sonrisa.
—Oh, Dios, mío. Conseguiste el contrato.
—Conseguí el contrato.
Ella dejó salir un grito y saltó a sus labios. El rio y le dio vueltas, luego
inclinó la cabeza y la besó.
El calor y la pasión familiar la atravesaron, enterró sus uñas en sus
hombros y se inclinó hacia él. Cuando la besó profundamente, él se apartó
y le sonrió. Su corazón saltó y se llenó con tanta alegría que Paula se
preocupó porque tal vez pudiera estallar.
—Vamos a celebrar, nena, tenemos una botella extra de champán de año
nuevo esperando en el refrigerador. Vamos a emborracharnos y a
enloquecer.
Ella se detuvo y se cuestionó cuándo contarle su noticia. Una mujer
normal esperaría hasta que la cena estuviera servida mientras disfrutaban
de una vista al mar. Una mujer normal esperaría un tiempo y convencería
a su esposo de la idea.
Pedro admitió que nunca había sido normal. La noticia de su éxito parecía
un buen augurio como para contar la suya.
—Ya no puedo beber.
Le sonrió y volvió a echarle el condimento al salmón.
—Tratando de dejar la salsa ¿eh? ¿No es por esta estúpida dieta, verdad?
El vino es bueno para la sangre.
—No, no es la dieta. Hoy estuve en el médico y me dijo que no podía beber.
La miro y frunció el seño.
—¿Estás bien? ¿Estás enferma de nuevo? Te dije que deberías ver a mi
doctor. El tuyo es este gurú holístico, al que le gusta dar hierbas y cosas
de esas. Casi tuve que golpearlo para que te diera medicina de verdad.
Cuando tuviste la neumonía.
Tiró las patatas en la sartén y las roció con aceite de oliva.
—No, no estoy enferma, sin embargo me dijo algo más.
—¡Oh! —Bajó la cuchara y se dio la vuelta con un toque de pánico—. Nena,
estás empezando a asustarme, ¿qué pasa?
Su preocupación la conmovió. Tomó sus manos y las apretó fuerte. Luego
dejo salir la noticia.
—pedro, estoy embarazada.
Un impacto genuino brillaba en sus ojos pero paula ya estaba preparada.
Tranquilamente esperó a que la noticia le llegara. Sabía que Pedro no se
entregaría a las emociones, sino que permanecería lógico y racional.
Lentamente aleló sus manos y dio un paso atrás hacia la encimera.
—¿Qué dijiste?
Ella tomó una respiración profunda.
—Estoy embarazada, vamos a tener un bebé.
Parecía como si estuviera buscando las palabras.
—Pero eso es imposible, estabas usando la píldora, —se detuvo un
momento—. ¿Verdad?
—Por supuesto, pero estas cosas a veces pasan. De hecho el doctor dijo…
—Que conveniente.
Parpadeó. Él la miró como si se hubiera convertido en un monstruo de dos
cabezas. La inquietud corrió a través de ella. Se alejó de él y tomó asiento
frente a la mesa de la cocina.
—Sé que es esto es un shock. Para mí también lo fue. Pero vamos a tener
un bebé y tenemos que hablar de ello.
El permaneció en silencio, y ella suavizó la voz.
—Nunca planeé nada de esto. Nunca planeé convertir esto en un verdadero
matrimonio. Pero te amo Pedro. Sólo he estado esperando el momento
adecuado para decírtelo. Y lamento habértelo dicho así. Pero no quería
esperar. Por favor, di algo, cualquier cosa.
Observó como su esposo se transformaba. El hombre que amaba y con el
que se reía comenzó a retroceder. La distancia entre ellos  le causó un escalofrío recorriendo por su espina dorsal. Su
rostro estaba gravado en piedra. Y esperó por sus siguientes palabras,
Paula repentinamente tuvo la horrible premonición, que iban a tomar otro
rumbo en el camino esperado.
* * *
Pedro observó a su esposa.
—No quiero este bebé.
La tambaleante pared de hielo de repente se regeneró con plena fuerza.
Las únicas emociones que se filtraban por sus grietas, eran resentimiento
y amargura. Oh, ella era buena. Había caído duramente en su acto y ahora
pagaría las consecuencias.
Ella parpadeó y sacudió la cabeza.
—De acuerdo. No quieres al bebé. Entiendo que estés asustado. Pero tal
vez con el tiempo tus sentimientos cambiarán.
Las palabras que Gabriella había dicho meses atrás lo tentaron. La misma
promesa de su padre hizo eco en su cabeza. Le había advertido que paula
usaría cualquier medio para atraparlo, pero no le había creído. Había
caído por su inocencia y término enamorándose de ella. Claramente le
había advertido desde el principio y estúpidamente pensó que lo respetaría
lo suficiente para no atraparlo.
Y ahora ella lo amaba.
Casi se ahogó con una risa de amargura. Desde el momento que había
encontrado esos papeles del préstamo y se había encontrado con su padre,
la duda batalló con su necesidad de creer en ella. Así, que olvidó el asunto
y decidió confiar en ella. Confiar en que le dijera la verdad sobre para qué
había utilizado el dinero.
Pero ahora revelaba su engaño, con su cara resplandeciente y sus ojos
llenos de triunfo.
Un bebé.
Iba a tener un hijo suyo.
La rabia se arremolinó y se condensó en una nube negra con zumbido.
—¿Qué pasa paula? ¿No fueron ciento cincuenta de los grandes suficientes
para ti, o te volviste más ambiciosa en el camino?
Vio como el dolor transformaba su rostro, pero ahora él conocía la
estrategia y la conocía bien. Su voz se entrecortó cuando habló.
—¿De qué estás hablando?
—Buen juego, eres una chica inteligente. El final del contrato se está
acercando. Diablos, ya casi estamos a cinco meses, no estabas segura de
lo que pasaría, así que tuviste un pequeño accidente para cerrar el trato.
El problema es que no quiero al bebé. Así que estas de nuevo donde
empezaste.
Se inclinó hacia adelante y envolvió sus brazos alrededor de su estomago.
—¿Eso es lo que crees? —Ella tomó una respiración irregular y su cuerpo
se estremeció—. ¿Crees que lo hice apropósito para atraparte?
—¿Por qué más me dirías que estabas tomando la píldora, para que así
dejara de usar preservativos? Admitiste que querías dinero desde el
principio, luego me embaucaste diciendo que eras independiente. —Rio sin
humor—. Rechazar el automóvil nuevo fue inteligente. Y te creí buena.
Pero simplemente estabas esperando para el gran momento.
—¡Oh, Dios mío! —Se inclinó hacia adelante, como si sintiera un dolor
físico, pero él se quedó donde estaba y no sintió nada. Lentamente se
levantó de la silla. El brillo había desaparecido. Su rostro mostraba una
devastación que lo hizo dudar por un segundo. Luego endureció su
corazón. Y se obligó a enfrentar la verdad sobre su esposa.
Era una mentirosa. Había utilizado a un inocente bebé para conseguir lo
que quería y la única víctima seria el bebé. Se sacudió con repulsión ante
el hecho que aun seguía el juego, queriendo lucir como la víctima.
Ella se sujetó en la pared y miró con horror a través de la habitación.
—Nunca lo supe —dijo roncamente—. Nunca supe que era esto lo que
realmente pensabas de mí. Creí que… —tomó una respiración profunda y
levantó la barbilla—. Supongo que no importa lo que piense ¿verdad?
Se dio la vuelta para salir y él le lanzó sus últimas palabras a su espalda.
—Cometiste un gran error paula.
—Tienes razón —susurró—. Lo hice.
Luego se fue.
La puerta se cerró. Él se quedó en la cocina durante mucho tiempo hasta
que escuchó el golpeteo tranquilo de pisadas. Old Yeller se sentó a sus
pies, sus ojos amarillos se llenaron con el conocimiento que paula se había
ido para siempre. Dejó salir un pequeño lloriqueo.
La casa se llenó con un silencio sobrecogedor. Ambos estaban solos otra
vez, pero Pedro no tenía ninguna emoción para llorar.
Estaba agradecido que el perro pudiera estar afligido por los dos.

GRACIAS! ♥

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