Por poco tiempo él había querido ser el hombre que desafiara sus limitaciones y ofreciera más. Pero su relación estrecha con Alexa y el peligro de una ruptura
desastrosa le impedían prolongar la noche para otra cita. Buscaba una mujer que encajara en su familia muy unida y no se mantuviera distante. Paula era lo opuesto de lo que él creía que necesitaba en una compañera. Aburrida, no. Sino un cúmulo de contradicciones, emociones y trabajo. Si se distanciaban, Alexa y Nick se convertirían en víctimas y desde que los vio como una familia, nunca puso a nadie que le importara correr el riesgo. No por sus propias necesidades egoístas.
Había practicado ese movimiento la mayor parte de su vida.
Aun así, la había jodido. Su oferta casi tímida de la posibilidad de otra cita le incitó un miedo que nunca había experimentado con otra mujer. La vulnerabilidad clara en su rostro por su rechazó lo sorprendía. Pero nunca habrá una segunda oportunidad con paula chaves. Ella nunca se permitiría ponerse en la misma situación de nuevo, y le encantaba recordárselo constantemente.
Alexa levantó el dije de bebé.
―¿No es hermoso, paula?
―Encantador.
Pedro ahogó una risa por la mirada de advertencia de Alexa. Como una niña malhumorada, paula retrocedió.
―Tengo que irme, nena ―dijo―. Tengo irme a Milán pronto y aún tengo muchas cosas por hacer.
Alexa gimió.
―Dios, lo que haría para ir a Milán y conseguir un nuevo guardarropa. ―Bajó la vista a su vestido de moda y arrugó su cara.
―Lily vale la pena ―dijo paula con firmeza―. Te traeré un par de tacones sexys que volverán loco a Nick. ―Su mirada se desvió directamente a Pedro como para probar su punto―. No es como si les tomara mucho a ustedes dos ir a por ello.
―¿Ir a qué? ―Nick apareció y deslizó sus brazos alrededor de la cintura de su esposa.
―No importa ―dijo Alexa bruscamente.
―Sexo ―empezó paula―. Voy a ir a Milán y le traeré a Alexa algunos zapatos sexys.
desastrosa le impedían prolongar la noche para otra cita. Buscaba una mujer que encajara en su familia muy unida y no se mantuviera distante. Paula era lo opuesto de lo que él creía que necesitaba en una compañera. Aburrida, no. Sino un cúmulo de contradicciones, emociones y trabajo. Si se distanciaban, Alexa y Nick se convertirían en víctimas y desde que los vio como una familia, nunca puso a nadie que le importara correr el riesgo. No por sus propias necesidades egoístas.
Había practicado ese movimiento la mayor parte de su vida.
Aun así, la había jodido. Su oferta casi tímida de la posibilidad de otra cita le incitó un miedo que nunca había experimentado con otra mujer. La vulnerabilidad clara en su rostro por su rechazó lo sorprendía. Pero nunca habrá una segunda oportunidad con paula chaves. Ella nunca se permitiría ponerse en la misma situación de nuevo, y le encantaba recordárselo constantemente.
Alexa levantó el dije de bebé.
―¿No es hermoso, paula?
―Encantador.
Pedro ahogó una risa por la mirada de advertencia de Alexa. Como una niña malhumorada, paula retrocedió.
―Tengo que irme, nena ―dijo―. Tengo irme a Milán pronto y aún tengo muchas cosas por hacer.
Alexa gimió.
―Dios, lo que haría para ir a Milán y conseguir un nuevo guardarropa. ―Bajó la vista a su vestido de moda y arrugó su cara.
―Lily vale la pena ―dijo paula con firmeza―. Te traeré un par de tacones sexys que volverán loco a Nick. ―Su mirada se desvió directamente a Pedro como para probar su punto―. No es como si les tomara mucho a ustedes dos ir a por ello.
―¿Ir a qué? ―Nick apareció y deslizó sus brazos alrededor de la cintura de su esposa.
―No importa ―dijo Alexa bruscamente.
―Sexo ―empezó paula―. Voy a ir a Milán y le traeré a Alexa algunos zapatos sexys.
Nick pareció intrigado.
―¿Qué tal uno de esos camisones de seda, también?
―¡Nick!
Él ignoró al su avergonzado siseo de su esposa y sonrió.
―¿Qué? Ella va a ir a la capital de moda del mundo, ¿y no quieres lencería? Demonios, yo sí. La manera en que te ves es… deliciosa.
Paula rió.
―Hecho. Se va a ver caliente en rojo.
―Los odio a los dos.
Nick presionó un beso en el cuello de su esposa. Pedro volvió su cabeza por un momento y captó la mirada en el rostro de paula.
Anhelo.
La emoción se atascó atrás de su garganta cuando notó la tristeza en su rostro mientras miraba a su hermano, luego la persiana se cerró y el momento desapareció.
Se enderezó y decidió hacer su movimiento.
―¿paula? Antes de irte, ¿puedo hablar contigo un minuto?
Ella se encogió de hombros.
―Claro. ¿Qué pasa?
―En privado, por favor.
Nick y Alexa compartieron una mirada. Paula rodó sus ojos.
―Denme un minuto, chicos. No es como si me va a pedir matrimonio o algo así.
Pedro hizo una mueca. Nick sacudió su cabeza por sus payasadas pero ella sólo le sacó la lengua y se abrió camino por el salón hacia una de las habitaciones de atrás. Saltó sobre la cama de plataforma alta y estiró las piernas. Con sus brazos apoyados detrás de su espalda, sus pechos se apretaban contra su camiseta plateada en una demanda para ser liberados. Dios ¿Tenía puesto un sujetador?
―¿Qué tal uno de esos camisones de seda, también?
―¡Nick!
Él ignoró al su avergonzado siseo de su esposa y sonrió.
―¿Qué? Ella va a ir a la capital de moda del mundo, ¿y no quieres lencería? Demonios, yo sí. La manera en que te ves es… deliciosa.
Paula rió.
―Hecho. Se va a ver caliente en rojo.
―Los odio a los dos.
Nick presionó un beso en el cuello de su esposa. Pedro volvió su cabeza por un momento y captó la mirada en el rostro de paula.
Anhelo.
La emoción se atascó atrás de su garganta cuando notó la tristeza en su rostro mientras miraba a su hermano, luego la persiana se cerró y el momento desapareció.
Se enderezó y decidió hacer su movimiento.
―¿paula? Antes de irte, ¿puedo hablar contigo un minuto?
Ella se encogió de hombros.
―Claro. ¿Qué pasa?
―En privado, por favor.
Nick y Alexa compartieron una mirada. Paula rodó sus ojos.
―Denme un minuto, chicos. No es como si me va a pedir matrimonio o algo así.
Pedro hizo una mueca. Nick sacudió su cabeza por sus payasadas pero ella sólo le sacó la lengua y se abrió camino por el salón hacia una de las habitaciones de atrás. Saltó sobre la cama de plataforma alta y estiró las piernas. Con sus brazos apoyados detrás de su espalda, sus pechos se apretaban contra su camiseta plateada en una demanda para ser liberados. Dios ¿Tenía puesto un sujetador?
Pedro trató de estar relajado cuando se inclinó contra el poste de madera de la cama con dosel. Su curiosidad fue recompensada cuando dos idénticos puntos se asomaron contra la tela suave. Se movió en un intento de ponerse cómodo, molesto de que ella no pudo haber elegido un cuarto adecuado para tener esta conversación. Era muy fácil imaginarla extendida en el edredón color champagne mientras él arrastraba sus dientes contra sus pechos. Jugaba con sus pezones de color rubí y muy sensibles. Parecía como si la tela sola hizo que respondieran. Pedro luchó contra un estremecimiento y recobró en enfoque.
―Tengo una propuesta para ti.
Ella echó la cabeza hacia atrás y rió. El sonido humeante lo atrajo como una bruja lanzando un hechizo.
―Bien, entonces, has venido a la chica correcta. ―Lamió sus labios con una precisión deliberada. El brillo débil de la humedad brillaba a la luz―. Propuesta ahora mismo.
Él ahogó una maldición y decidió ir por la estrategia directa.
―Necesito una esposa de mentira.
Ella parpadeó.
―¿Huh?
―Sí. ―Él despreciaba el ligero rubor que causó su confesión y siguió adelante―. Tengo algunos problemas familiares y estoy obligado a casarme. Necesito a alguien que vaya a Italia conmigo por una semana, finja ser mi esposa, que pase un poco de tiempo con mi familia, y luego se marche.
―¿Por qué de repente siento como si caí en el papel de mi vida de la semana?
―¿Qué papel?
Alejó su pregunta.
―No importa, cosas de chicas. Um, déjame pensar obre esto por un momento. ¿Me necesitas para que finja estar casada contigo, juntarme con tu familia, estar en su casa, y luego regresar como si nada nunca pasó?
―Sí.
―Tengo una propuesta para ti.
Ella echó la cabeza hacia atrás y rió. El sonido humeante lo atrajo como una bruja lanzando un hechizo.
―Bien, entonces, has venido a la chica correcta. ―Lamió sus labios con una precisión deliberada. El brillo débil de la humedad brillaba a la luz―. Propuesta ahora mismo.
Él ahogó una maldición y decidió ir por la estrategia directa.
―Necesito una esposa de mentira.
Ella parpadeó.
―¿Huh?
―Sí. ―Él despreciaba el ligero rubor que causó su confesión y siguió adelante―. Tengo algunos problemas familiares y estoy obligado a casarme. Necesito a alguien que vaya a Italia conmigo por una semana, finja ser mi esposa, que pase un poco de tiempo con mi familia, y luego se marche.
―¿Por qué de repente siento como si caí en el papel de mi vida de la semana?
―¿Qué papel?
Alejó su pregunta.
―No importa, cosas de chicas. Um, déjame pensar obre esto por un momento. ¿Me necesitas para que finja estar casada contigo, juntarme con tu familia, estar en su casa, y luego regresar como si nada nunca pasó?
―Sí.
―No, gracias. ―paula saltó de la cama con gracia y se dirigió a la salida. pedro se puso frente a ella y cerró la puerta. Ella arqueó una ceja―. Lo siento, no estoy en la cosa dominante.
―paula, por favor escúchame.
―Demonios, no. Oí lo suficiente. Primero que todo, voy a ir a Milán a trabajar, no soy una novia por encargo. Segundo, no nos importamos el uno al otro, y tu familia se dará cuenta de eso al momento. Tercero, no somos siquiera amigos cercanos, por lo que me niego a hacerte algún favor. Seguramente, tienes a una encantadora cosa joven rogando por la oportunidad de brillar en este papel.
Pedro contuvo un quejido ¿Realmente pensó que sería fácil?
―De hecho, es por eso que eres perfecta para el trabajo. Necesito a alguien que no se haga ideas extrañas. De todas maneras, no estoy viendo a nadie por el momento.
―¿Qué si yo sí?
―¿Lo estás?
Ella se echó para atrás. La tentación de mentir brillaba en sus ojos. ―No. Pero igual no lo estoy haciendo.
―Te pagaré.
Sonrió con suficiencia.
―No necesito tu dinero, Alfonso. Hago suficiente por mi cuenta, gracias.
―Debe haber algo que podamos negociar. Algo que quieras.
―Lo siento, soy una chica muy feliz. Pero gracias por la oferta. ―Ella pasó más allá de él al picaporte.
Ella era su única candidata, y no creía que Estados Unidos tuviera una tienda para comprar novias de mentira. La opción final se le ocurrió. Nunca iba a funcionar, por supuesto, y Nick no lo aprobaría. Pero si paula creía que era una posibilidad, puede que callera directamente en sus manos. Hizo a un lado su conciencia y tiró su carta de triunfo.
―Bien, supongo que se le voy tener que pedir a Alexa.
―paula, por favor escúchame.
―Demonios, no. Oí lo suficiente. Primero que todo, voy a ir a Milán a trabajar, no soy una novia por encargo. Segundo, no nos importamos el uno al otro, y tu familia se dará cuenta de eso al momento. Tercero, no somos siquiera amigos cercanos, por lo que me niego a hacerte algún favor. Seguramente, tienes a una encantadora cosa joven rogando por la oportunidad de brillar en este papel.
Pedro contuvo un quejido ¿Realmente pensó que sería fácil?
―De hecho, es por eso que eres perfecta para el trabajo. Necesito a alguien que no se haga ideas extrañas. De todas maneras, no estoy viendo a nadie por el momento.
―¿Qué si yo sí?
―¿Lo estás?
Ella se echó para atrás. La tentación de mentir brillaba en sus ojos. ―No. Pero igual no lo estoy haciendo.
―Te pagaré.
Sonrió con suficiencia.
―No necesito tu dinero, Alfonso. Hago suficiente por mi cuenta, gracias.
―Debe haber algo que podamos negociar. Algo que quieras.
―Lo siento, soy una chica muy feliz. Pero gracias por la oferta. ―Ella pasó más allá de él al picaporte.
Ella era su única candidata, y no creía que Estados Unidos tuviera una tienda para comprar novias de mentira. La opción final se le ocurrió. Nunca iba a funcionar, por supuesto, y Nick no lo aprobaría. Pero si paula creía que era una posibilidad, puede que callera directamente en sus manos. Hizo a un lado su conciencia y tiró su carta de triunfo.
―Bien, supongo que se le voy tener que pedir a Alexa.
Paula se detuvo. Su cabello voló, luego se deslizó del lugar mientras volteaba su cabeza para escudriñarlo como un boxeador.
―¿Qué dijiste?
Suspiró con un arrepentimiento fingido.
―No quería pedirle que dejara a Lily tan pronto, pero estoy seguro de que me va a ayudar.
Mal genio puro brotaba de sus poros. Apretó su mandíbula y habló entre dientes.
―Ni siquiera lo pienses. Sólo déjala a ella y a Nick solos. Resuelve tus malditos problemas.
―Lo que estoy tratando de hacer.
Se levantó en las puntitas de los pies y se le puso en la cara. Su aliento se precipitó sobre sus labios, una embriagante combinación de café y coñac y excitación.
―Lo juro por Dios, si le presentas una idea loca a ellos yo…
―¿Qué? Una vez que les explique la situación, Nick entenderá. Alexa siempre quiso viajar a Italia y solo serán por un par de días. Es una emergencia familiar.
―¡No eres de la familia! ―Las palabras pasaron más allá de sus oídos con un silbido y él captó el filo del resentimiento en su tono―. Deja de interferir en sus vidas y consíguete una propia.
ÉL chasqueó su lengua.
―Tan enojada, la mia tigrotta. ¿Estás celosa?
Las manos de ella lo alcanzaron y se apretaron alrededor de sus brazos. Sus uñas mordidas se clavaron en sus músculos y sólo aumentó la tensión sexual entre ellos.
―No, estoy enojada de que todavía estés alrededor de Alexa como un cachorrito perdido, y ahora mi propio hermano ni siquiera lo ve. Desearía que hubiera una manera de deshacernos de ti. Desearía que pudiera…
Su boca se cerró de golpe. Muy lentamente, quitó las uñas de sus brazos y dio un paso atrás. Él cuerpo de él lamentó la pérdida de su calor femenino. Pedro miró con inquietud cómo sus ojos brillaban. De alguna manera, ella parecía un poco peligrosa.
―¿Qué dijiste?
Suspiró con un arrepentimiento fingido.
―No quería pedirle que dejara a Lily tan pronto, pero estoy seguro de que me va a ayudar.
Mal genio puro brotaba de sus poros. Apretó su mandíbula y habló entre dientes.
―Ni siquiera lo pienses. Sólo déjala a ella y a Nick solos. Resuelve tus malditos problemas.
―Lo que estoy tratando de hacer.
Se levantó en las puntitas de los pies y se le puso en la cara. Su aliento se precipitó sobre sus labios, una embriagante combinación de café y coñac y excitación.
―Lo juro por Dios, si le presentas una idea loca a ellos yo…
―¿Qué? Una vez que les explique la situación, Nick entenderá. Alexa siempre quiso viajar a Italia y solo serán por un par de días. Es una emergencia familiar.
―¡No eres de la familia! ―Las palabras pasaron más allá de sus oídos con un silbido y él captó el filo del resentimiento en su tono―. Deja de interferir en sus vidas y consíguete una propia.
ÉL chasqueó su lengua.
―Tan enojada, la mia tigrotta. ¿Estás celosa?
Las manos de ella lo alcanzaron y se apretaron alrededor de sus brazos. Sus uñas mordidas se clavaron en sus músculos y sólo aumentó la tensión sexual entre ellos.
―No, estoy enojada de que todavía estés alrededor de Alexa como un cachorrito perdido, y ahora mi propio hermano ni siquiera lo ve. Desearía que hubiera una manera de deshacernos de ti. Desearía que pudiera…
Su boca se cerró de golpe. Muy lentamente, quitó las uñas de sus brazos y dio un paso atrás. Él cuerpo de él lamentó la pérdida de su calor femenino. Pedro miró con inquietud cómo sus ojos brillaban. De alguna manera, ella parecía un poco peligrosa.
―Si acepto este plan loco. ¿Me darás cualquier cosa que quiera?
Su repentino cambio de dirección hizo a su estómago revolverse.
―Sí.
Sus labios se curvaron en una sonrisa, teñida de rojo y perfectamente formada. Él miró sin poder evitarlo esa boca sensual, hecha para deseos carnales más allá de sus fantasías. Dios, su cuerpo palpitaba con una presión dolorosa y lo distrajo de la conversación racional. Pensó en las monjas de la iglesia Católica con las que creció y un poco del pulso sanguíneo se calmó.
―Bien. Lo haré.
Él no festejó. Sólo la miró con desconfianza.
―¿Qué es lo que quieres?
El regocijo en su rostro superaba sus palabras.
―Quiero que te mantengas lejos de Alexa.
Pedrose estremeció. De alguna manera, sus argumentos inteligentes fallaron. Se maldijo mentalmente por dejarse abierto a su ataque sorpresa. Su continua insistencia de que estaba secretamente enamorado de Alexa normalmente le divertía, pero ahora se enfrentaba con algo más vital. Decidió fingir malinterpretarlo.
―Por supuesto ―accedió―. Mantendré mi distancia si quieres.
Entrecerró su mirada.
―No creo que entiendas el acuerdo. Cuando te invite a las cenas de los domingos, tú estarás ocupado. No más visitas a Lily. No más asistir a las reuniones familiares. Puedes lidiar con Nick en situaciones de negocios, pero desde ahora en adelante, no te consideraras más un amigo cercano de Alexa ¿Capisce?
Oh sí. Él entendió. Su irritación aumentó ante su incapacidad por decir su primer nombre. El título elegante se convirtió en una burla pronunciada dicha por sus labios y una necesidad dominante de obligarla a usar su nombre lo sacudió. Preferiblemente cuando ella estuviera de espaldas, con los muslos separados, loca de lujuria por él. Dio marcha atrás a su fachada fría y rezó porque ella no notara el bulto en sus pantalones.
Su repentino cambio de dirección hizo a su estómago revolverse.
―Sí.
Sus labios se curvaron en una sonrisa, teñida de rojo y perfectamente formada. Él miró sin poder evitarlo esa boca sensual, hecha para deseos carnales más allá de sus fantasías. Dios, su cuerpo palpitaba con una presión dolorosa y lo distrajo de la conversación racional. Pensó en las monjas de la iglesia Católica con las que creció y un poco del pulso sanguíneo se calmó.
―Bien. Lo haré.
Él no festejó. Sólo la miró con desconfianza.
―¿Qué es lo que quieres?
El regocijo en su rostro superaba sus palabras.
―Quiero que te mantengas lejos de Alexa.
Pedrose estremeció. De alguna manera, sus argumentos inteligentes fallaron. Se maldijo mentalmente por dejarse abierto a su ataque sorpresa. Su continua insistencia de que estaba secretamente enamorado de Alexa normalmente le divertía, pero ahora se enfrentaba con algo más vital. Decidió fingir malinterpretarlo.
―Por supuesto ―accedió―. Mantendré mi distancia si quieres.
Entrecerró su mirada.
―No creo que entiendas el acuerdo. Cuando te invite a las cenas de los domingos, tú estarás ocupado. No más visitas a Lily. No más asistir a las reuniones familiares. Puedes lidiar con Nick en situaciones de negocios, pero desde ahora en adelante, no te consideraras más un amigo cercano de Alexa ¿Capisce?
Oh sí. Él entendió. Su irritación aumentó ante su incapacidad por decir su primer nombre. El título elegante se convirtió en una burla pronunciada dicha por sus labios y una necesidad dominante de obligarla a usar su nombre lo sacudió. Preferiblemente cuando ella estuviera de espaldas, con los muslos separados, loca de lujuria por él. Dio marcha atrás a su fachada fría y rezó porque ella no notara el bulto en sus pantalones.
―¿Por qué te sientes tan amenazada, cara? ¿Qué temes que ocurrirá entre Alexa y yo?
Su barbilla se alzó.
―He visto lo fácil que es arruinar algo bueno ―dijo con una nota de amargura―. Alexa y Nick son felices. Ella no necesita a un hombre husmeando alrededor. Ellos pueden confiar en tus intenciones, pero yo no. ―paula hizo una pausa. Sus últimas palabras salieron en un susurro severo―. Veo la manera en que la miras.
Pedro luchó por aire cuando sus palabras directas lo atacaron como picaduras de avispas. Ella realmente creía tan poco de él. Para imaginar que trataría de romper un matrimonio y traicionar una confianza seria. Aun así, con su propia ira y dolor por sus creencias, admiraba su acto de valentía. Una vez que ella se entregaba a otra persona, sería leal de por vida. Quizá por eso evitaba enredos a largo plazo.
Su cuerpo vibraba con una tensión y un sentimiento franco.
―Estoy harto de que todos digan que estoy loca. Sólo esta vez, admíteme que la amas. Dime la verdad, prométeme que te alejarás, y fingiré ser tu novia.
La estudió en un silencio amenazador. Discutir sería inútil. Alexa le recordaba a sus hermanas que había dejado en Italia y ella calmaba una necesidad de consuelo en un mundo a veces solitario. Tenía el carácter impulsivo de Venezia, la responsabilidad de Julietta y la dulzura de Carina. Claramente, la calidez que irradiaba de su cara al mirarla había sido malinterpretada por su mejor amiga.
Quizás esto era lo mejor.
El cuerpo delicioso de paula y su ingenio ya lo atraían. No necesitaba ningún escenario donde terminaban juntos en la cama y las cosas se ponían… complicadas. No mientras fingía estar casado alrededor de su familia. Si ella mantenía su creencia de que estaba enamorado de su mejor amiga, habría una barrera extra de defensa entre ellos. Claro, que su propio sacrificio era más grande de lo que había imaginado. Perdería a una amiga cercana que significaba el mundo para él e incluso podía herir a Alexia en el proceso.
Su elección estaba frente a él. Pensó en no ser capaz de sostener a Lily u oírla llamarlo tío. Y luego pensó en Venezia su histeria y su dolor, su deseo por empezar su propia vida. Su responsabilidad recaía en ocuparse del cuidado de su familia a
toda costa. Había aprendido eso lección de joven y nunca planeó olvidarla. No, de cierto modo, realmente no había otra elección.
Pedro se obligó a decirle la mentira que Maggie necesitaba oír.
―Amo a Alexa como una amiga. Pero aceptaré tus condiciones si haces esto por mí.
Ella se estremeció, pero su mirada permaneció fija mientras asentía con la cabeza en aceptación. Un extraño destello de angustia iluminó sus ojos, luego desapareció. Sus instintos le dijeron que su confianza había sido traicionada de manera irreversible que ningún hombre era capaz de arreglar ¿Un antiguo amor? ¿Un ex- prometido? Fascinado, deseaba profundizar más, pero ella estaba de vuelta en su control.
―Bien. Dame tu promesa que te alejarás de ella cuando regresemos. Sin excepciones.
―¿Cómo sugieres que desaparezca cuidadosamente sin herir sus sentimientos?
Se encogió de hombros.
―Estaremos en Italia por una semana, y luego estarás ocupado. Fingiendo que estás saliendo con alguien nuevo y estás inmerso en ella. Después de un tiempo, Alexa dejará de hacer preguntas.
Él estaba en desacuerdo, pero calculó que paula ayudaría a cuidar de esa parte. Una astilla de dolor lo atravesó antes de que dijera las palabras en voz alta.
―Acepto tus condiciones. ―Entonces dio un paso hacia delante―. Ahora, te diré las mías.
Él disfrutó del leve ensanchamiento de sus ojos mientras se cernía sobre ella. El conocimiento saltó entre ellos. Ella se negó a acobardarse, sin embargo, y se mantuvo firme.
―Espera ¿Cómo sé que no romperás tu promesa?
Extendió su mano y tomó su barbilla. Su pregunta atacó la esencia de lo que era y frío pasó a través de su tono.
―Por qué no rompo mis promesas. ¿Capisce?
Ella asintió con la cabeza.
Su barbilla se alzó.
―He visto lo fácil que es arruinar algo bueno ―dijo con una nota de amargura―. Alexa y Nick son felices. Ella no necesita a un hombre husmeando alrededor. Ellos pueden confiar en tus intenciones, pero yo no. ―paula hizo una pausa. Sus últimas palabras salieron en un susurro severo―. Veo la manera en que la miras.
Pedro luchó por aire cuando sus palabras directas lo atacaron como picaduras de avispas. Ella realmente creía tan poco de él. Para imaginar que trataría de romper un matrimonio y traicionar una confianza seria. Aun así, con su propia ira y dolor por sus creencias, admiraba su acto de valentía. Una vez que ella se entregaba a otra persona, sería leal de por vida. Quizá por eso evitaba enredos a largo plazo.
Su cuerpo vibraba con una tensión y un sentimiento franco.
―Estoy harto de que todos digan que estoy loca. Sólo esta vez, admíteme que la amas. Dime la verdad, prométeme que te alejarás, y fingiré ser tu novia.
La estudió en un silencio amenazador. Discutir sería inútil. Alexa le recordaba a sus hermanas que había dejado en Italia y ella calmaba una necesidad de consuelo en un mundo a veces solitario. Tenía el carácter impulsivo de Venezia, la responsabilidad de Julietta y la dulzura de Carina. Claramente, la calidez que irradiaba de su cara al mirarla había sido malinterpretada por su mejor amiga.
Quizás esto era lo mejor.
El cuerpo delicioso de paula y su ingenio ya lo atraían. No necesitaba ningún escenario donde terminaban juntos en la cama y las cosas se ponían… complicadas. No mientras fingía estar casado alrededor de su familia. Si ella mantenía su creencia de que estaba enamorado de su mejor amiga, habría una barrera extra de defensa entre ellos. Claro, que su propio sacrificio era más grande de lo que había imaginado. Perdería a una amiga cercana que significaba el mundo para él e incluso podía herir a Alexia en el proceso.
Su elección estaba frente a él. Pensó en no ser capaz de sostener a Lily u oírla llamarlo tío. Y luego pensó en Venezia su histeria y su dolor, su deseo por empezar su propia vida. Su responsabilidad recaía en ocuparse del cuidado de su familia a
toda costa. Había aprendido eso lección de joven y nunca planeó olvidarla. No, de cierto modo, realmente no había otra elección.
Pedro se obligó a decirle la mentira que Maggie necesitaba oír.
―Amo a Alexa como una amiga. Pero aceptaré tus condiciones si haces esto por mí.
Ella se estremeció, pero su mirada permaneció fija mientras asentía con la cabeza en aceptación. Un extraño destello de angustia iluminó sus ojos, luego desapareció. Sus instintos le dijeron que su confianza había sido traicionada de manera irreversible que ningún hombre era capaz de arreglar ¿Un antiguo amor? ¿Un ex- prometido? Fascinado, deseaba profundizar más, pero ella estaba de vuelta en su control.
―Bien. Dame tu promesa que te alejarás de ella cuando regresemos. Sin excepciones.
―¿Cómo sugieres que desaparezca cuidadosamente sin herir sus sentimientos?
Se encogió de hombros.
―Estaremos en Italia por una semana, y luego estarás ocupado. Fingiendo que estás saliendo con alguien nuevo y estás inmerso en ella. Después de un tiempo, Alexa dejará de hacer preguntas.
Él estaba en desacuerdo, pero calculó que paula ayudaría a cuidar de esa parte. Una astilla de dolor lo atravesó antes de que dijera las palabras en voz alta.
―Acepto tus condiciones. ―Entonces dio un paso hacia delante―. Ahora, te diré las mías.
Él disfrutó del leve ensanchamiento de sus ojos mientras se cernía sobre ella. El conocimiento saltó entre ellos. Ella se negó a acobardarse, sin embargo, y se mantuvo firme.
―Espera ¿Cómo sé que no romperás tu promesa?
Extendió su mano y tomó su barbilla. Su pregunta atacó la esencia de lo que era y frío pasó a través de su tono.
―Por qué no rompo mis promesas. ¿Capisce?
Ella asintió con la cabeza.
―Sí.
Soltó su barbilla, pero no antes de darle un toque casual recorriendo sus dedos por su mejilla. La piel suave y sedosa lo incitó a seguir acariciándola. Aclaró su garganta y volvió al tema.
―Las reglas son simples. Llamaré a mi madre esta noche para darle las noticias, pero parecerá sospechoso a menos que esté preparado. Tendré que estar de acuerdo para casarme en Italia.
―¿Qué? Diablos, no ¡No me voy a casar realmente contigo!
No le hizo caso a su protesta.
―Por supuesto, no nos vamos a casar de verdad. Pero necesitamos fingir. Mamá es bastante ingeniosa y la hará sospechar si no parecemos dispuestos a recitar nuestros votos matrimoniales frente a ella y al sacerdote. Le diré que nos casaremos legalmente en Estados Unidos, pero que solicitaremos una licencia en Italia así ella puede tomar parte de la segunda boda.
―¿Qué pasa cuando el sacerdote se presente para casarnos?
Los labios de pedro se curvaron con un pánico repentino.
―Le toma mucho tiempo a un sacerdote aceptar casar a una pareja cuando él no conoce a la novia, especialmente si no es Católica. Nunca sucederá en nuestra visita corta. Le voy a decir a mamá que nos estamos quedando dos semanas, pero nos iremos después de una y citaré una emergencia.
Ella se relajó, volviendo a su propia confianza y sarcasmo.
―No me dijiste por qué de repente necesitas una esposa ¿No puedes encontrar a la verdadera Juliet, Romeo?
Pedro le hizo un breve resumen del historial de su familia, y el deseo de su hermana de casarse. Se preparó a sí mismo para ser ridiculizado por tal cultura antigua, pero asintió con la cabeza como si entendiera completamente y logró mantenerse en equilibrio.
―Admiro a tu madre ―dijo finalmente―. Es difícil mantener tus creencias cuando otros se burlan de ti. Por lo menos tu familia cree en algo. Tradición. Promesas cumplidas. Responsabilidad. ―Fascinado por sus palabras, pedro vio la emoción
titilar en su rostro antes de que se sacudiera sus recuerdos―. Sólo espero que tu plan funcione de la manera en que lo quieres.
―¿Qué quieres decir?
Sus hombros elegantes se levantaron.
―Puede que no le guste a tu familia. Fotografío modelos en ropa interior. Y no voy a pretender postergarlo por ti, tampoco, espero que te hagas ilusiones.
Él sonrió.
―¿No te dije que las esposas obedecen en todos los sentidos? Parte de la negociación da vueltas en que me trates como de la realeza. Cocinarás la cena, servirás a mis necesidades, y postergaras mis deseos. No te preocupes, es solo por una semana.
Su horror transparente arruinó su trampa. Rió entre dientes, y su puño cayó a su lado. Tenía la sensación de que acababa de perder un ojo negro ¿Llevaba toda esa emoción ardiente a la habitación? Y si era así ¿Quedaba algo de sus hombres en la mañana que una tonta sonrisa y un deseo por más?
Sus labios se curvaron.
―Gracioso. Es bueno ver que tienes sentido del humor, Alfonso. Hará que la semana pase rápido.
―Me alegro de que aceptaras. Haré los arreglos y nos iremos mañana en la noche. Te daré un resumen de mi familia durante el viaje, y me puedes decir las cosas importantes sobre ti.
Ella asintió con la cabeza y caminó hacia la puerta. Su claramente incomoda proximidad lo tranquilizó. Por lo menos, no era el único que experimentaba una atracción sexual. Parecía dedicada a no estar atraída por él, lo que hacía más fácil ignorar la conexión física y pasar la semana.paula chaves podía ser una mujer explosiva, pero él la podía manejar por una semana.
Sin problema.
GRACIAS!♥
Soltó su barbilla, pero no antes de darle un toque casual recorriendo sus dedos por su mejilla. La piel suave y sedosa lo incitó a seguir acariciándola. Aclaró su garganta y volvió al tema.
―Las reglas son simples. Llamaré a mi madre esta noche para darle las noticias, pero parecerá sospechoso a menos que esté preparado. Tendré que estar de acuerdo para casarme en Italia.
―¿Qué? Diablos, no ¡No me voy a casar realmente contigo!
No le hizo caso a su protesta.
―Por supuesto, no nos vamos a casar de verdad. Pero necesitamos fingir. Mamá es bastante ingeniosa y la hará sospechar si no parecemos dispuestos a recitar nuestros votos matrimoniales frente a ella y al sacerdote. Le diré que nos casaremos legalmente en Estados Unidos, pero que solicitaremos una licencia en Italia así ella puede tomar parte de la segunda boda.
―¿Qué pasa cuando el sacerdote se presente para casarnos?
Los labios de pedro se curvaron con un pánico repentino.
―Le toma mucho tiempo a un sacerdote aceptar casar a una pareja cuando él no conoce a la novia, especialmente si no es Católica. Nunca sucederá en nuestra visita corta. Le voy a decir a mamá que nos estamos quedando dos semanas, pero nos iremos después de una y citaré una emergencia.
Ella se relajó, volviendo a su propia confianza y sarcasmo.
―No me dijiste por qué de repente necesitas una esposa ¿No puedes encontrar a la verdadera Juliet, Romeo?
Pedro le hizo un breve resumen del historial de su familia, y el deseo de su hermana de casarse. Se preparó a sí mismo para ser ridiculizado por tal cultura antigua, pero asintió con la cabeza como si entendiera completamente y logró mantenerse en equilibrio.
―Admiro a tu madre ―dijo finalmente―. Es difícil mantener tus creencias cuando otros se burlan de ti. Por lo menos tu familia cree en algo. Tradición. Promesas cumplidas. Responsabilidad. ―Fascinado por sus palabras, pedro vio la emoción
titilar en su rostro antes de que se sacudiera sus recuerdos―. Sólo espero que tu plan funcione de la manera en que lo quieres.
―¿Qué quieres decir?
Sus hombros elegantes se levantaron.
―Puede que no le guste a tu familia. Fotografío modelos en ropa interior. Y no voy a pretender postergarlo por ti, tampoco, espero que te hagas ilusiones.
Él sonrió.
―¿No te dije que las esposas obedecen en todos los sentidos? Parte de la negociación da vueltas en que me trates como de la realeza. Cocinarás la cena, servirás a mis necesidades, y postergaras mis deseos. No te preocupes, es solo por una semana.
Su horror transparente arruinó su trampa. Rió entre dientes, y su puño cayó a su lado. Tenía la sensación de que acababa de perder un ojo negro ¿Llevaba toda esa emoción ardiente a la habitación? Y si era así ¿Quedaba algo de sus hombres en la mañana que una tonta sonrisa y un deseo por más?
Sus labios se curvaron.
―Gracioso. Es bueno ver que tienes sentido del humor, Alfonso. Hará que la semana pase rápido.
―Me alegro de que aceptaras. Haré los arreglos y nos iremos mañana en la noche. Te daré un resumen de mi familia durante el viaje, y me puedes decir las cosas importantes sobre ti.
Ella asintió con la cabeza y caminó hacia la puerta. Su claramente incomoda proximidad lo tranquilizó. Por lo menos, no era el único que experimentaba una atracción sexual. Parecía dedicada a no estar atraída por él, lo que hacía más fácil ignorar la conexión física y pasar la semana.paula chaves podía ser una mujer explosiva, pero él la podía manejar por una semana.
Sin problema.
GRACIAS!♥