Dos semanas después, Pedro se preguntó si todo el poder estaba perdido
una vez un hombre tenía sexo con una mujer.
Su última presentación con Conte le aseguró que tomaría una decisión
definitiva para fin de año. Él se retorció todo el maldito tiempo que habló
con el hombre, quien inmediatamente le preguntó cómo se encontraba
Paula, pero reflexionando, él manejó bien la situación.
Los inversionistas se habían reducido a Pedro y StarPrises, una gran
compañía ubicada en Manhattan. Tenía una última reunión para dar a
conocer su modelo final y el diseño antes de navidad. Gracias a Dios Dysell
lo apoyó, porque estaban más cerca de la batalla final.
Desafortunadamente, Pedro no tenía ni idea de qué manera se había
influenciado el Conde y eso lo ponía malditamente nervioso. Deseaba
regresar a casa y degustar una cena abundante y caliente, mirar el juego
de los Giants y meterse en la cama con su esposa. Con toda la intensión
de no dormir. Mientras abría la puerta, pisando con fuerza para quitar la
nieve de sus zapatos y entrar, se preguntó cuán rápido podía comer, ver el
marcador y luego avanzar hasta la parte importante cuando pisó una gran
pila de mierda de perro.
Rugió con indignación y levantó su zapato. Cuero italiano cocido a mano
ya teñido de un marrón más oscuro de lo previsto. Su hermoso piso de
madera manchado. El hedor del excremento en vez del de la comida. Iba a
matarla.
—¡paula!
Ella salió rápidamente de la cocina, se ruborizó de culpa o por pena, luego
se detuvo. Una sombra delgada se escondía detrás de ella. Los ojos de Pedro
se entrecerraron mientras tomaba al perro sarnoso que había arruinado su
sueño. Y decidió que con o sin sexo, esta mujer ya no tenía control.
—Se va. Ahora.
—Pero…
—Lo digo en serio, paula. Por el amor de Dios, quiero a ese perro fuera de
mi casa. Mira lo que acaba de hacer.
Ella desapareció, luego procedió a limpiar el desastre con una bolsa para
la basura y un fajo de toallas de papel. Él cuidadosamente se quitó el
zapato y pasó de largo el excremento mientras la observaba concentrada
en la tarea y en su explicación igual de fervorosa.
—Sólo escucha por un momento. Me di cuenta que no podemos
quedárnoslo, ni siquiera trataré de convencerte, pero el albergue llamó y
me dijo que su tiempo se había acabado y que lo pondrían a dormir hoy.
No sé por qué nadie lo quiere, es un perro encantador, y si podemos
conservarlo por un día o dos te prometo que le encontraré un hogar.
La sombra rondaba desde la cocina, sus ojos amarillos no reflejaban
emoción alguna mientras el canino esperaba el veredicto. Pedro dio un
gruñido de disgusto.
—Nadie lo quiere porque es el perro más feo que he visto. Podría ser
peligroso.
Ella jadeó.
—Es muy dulce, ni siquiera sabe gruñir. Del albergue me dijeron que lo
encontraron en un camino desértico con una pata rota. Fue arrollado
probablemente por un auto.
Mierda.
—Sé que es sucio pero creo que es inteligente y nunca nadie lo ha
entrenado. Lo mantendré en el cuarto de atrás y limpiaré y prometo que se
irá de aquí en pocos días. ¿Por favor, Pedro? Sólo dame un par de días.
Irritado por la suplica y su reacción, se quitó su otro zapato y caminó
hacia el perro. Como en desafío se posó en frente de él y esperó por alguna
señal de violencia o de comportamiento callejero como una excusa para
lanzarlo a la calle.
Pero no obtuvo nada. Ningún movimiento de cola, ninguna inclinación de
cabeza, ningún gruñido. Simplemente… nada… de parte de un par de ojos
amarillos vacios.
Un escalofrió bajó por su espalda y le dio la espalda al perro, decidido a no
verse afectado.
—Sólo una par de días, lo digo en serio.
Ella se veía aliviada y agradecida que empezó a preguntarse si en realidad
él tenía alguna clase de poder. Luego decidió aprovechar su ventaja.
—¿Ya tienes lista la cena?
—Casi lista. Filetes de salmón con verduras frescas y arroz pilaf. El vino
está enfriándose. La ensalada está lista. Tienes tiempo más que suficiente
para ver el juego de los Giants.
Inclinó su cabeza, impresionado por su total conocimiento de lo que un
hombre le gusta cuando regresa. Decidió dar otro paso más con su
prueba.
—Creo que tomaré una ducha primero.
—Te traeré una copa de vino entonces. Puedes comer en frente de la
televisión.
—Quizá lo haga.
Ella se apresuró a tomar su chaqueta y acompañarlo escaleras arriba.
Pedro decidió que algunos días con el perro valdrían la pena su gratitud.
Con aquel pensamiento agradable, entró a su dormitorio y se quitó la ropa.
* * *
Paula escoltó a su perro temporal de nuevo al cuarto de atrás, que había
sido cubierto con viejas y rasgadas sábanas que ella encontró en su
apartamento. Lo puso cómodo le dio comida, agua y le dio un beso en su
cabeza. Su corazón se rompió un poco cuando notó que nunca agitaba su
cola. Ni una vez. Algo sobre este perro la alejaba, pero estaba contenta sólo
por el hecho de haberle conseguido más tiempo para encontrarle un
cariñoso hogar.
Era hora de servir a su esposo.
Sirvió una copa de vino y subió las escaleras. El sonido de la ducha hacía
eco por todo el pasillo y su vientre se apretó ante la deliciosa anticipación.
Ya una humedad se filtraba entre sus muslos ante la idea de hacer el amor
con Pedro. Sus pezones se endurecieron mientras abría la puerta del baño
entre una nube de vapor y ponía la copa de vino en el lavamanos. Luego
empezó a quitarse la ropa.
—Tu vino está en el lavamanos, cariño.
Su voz salió hecha un murmullo.
—Gracias.
Ella deslizó la cortina de la ducha, entró a la cabina de mármol y sonrió.
—De nada.
El hombre lucía como si hubiese sido golpeado en la cabeza con un
martillo.
Ella tomó la oportunidad para deslizar sus brazos alrededor de su cuello.
Marcados y húmedos músculos presionados contra sus curvas, un mapa
de duras líneas y de piel áspera la hicieron enloquecer. No se cansaba de
su cuerpo. Se dio cuenta que nunca se habían duchado juntos antes,
nunca habían llegado hasta ese nivel de intimidad, pero él parecía
acomodarse en la situación perfectamente.
Y literalmente.
En dos segundos, su erección aumento y pulsó demandante, él rugió
desde lo profundo de su garganta y la tomó, su boca en la de ella para
probar y exigir placer.
Su lengua entraba y salía con delicadeza, sólo puro deseo, ella clavó sus
uñas en su húmeda piel y se acercó más a su cuerpo lleno de jabón tanto
como pudo soportarlo. La ducha dejaba caer agua sobre ellos como una
cascada, el cabello de ella caía sobre su rostro mientras frenéticamente
movía sus manos sobre su cuerpo. Ella le regresó el beso con fuerza, su
lengua enrollándose con la de él, luego se alejó y se arrodilló en frente de
él.
—Paula.
—Cállate. —Abrió su boca y lo tomó profundamente. El agua caía en su
cabeza y en su espalda, ella deslizó su lengua alrededor de las líneas
surcadas de su pene, amando su sabor, su textura y las bajas maldiciones
que salían de su boca que revelaban su placer.
Él la alzó de nuevo con un frenético movimiento, se acomodó en una gran
postura con sus piernas separadas y tiró de ella hacia su pecho. Se detuvo
mientras la miraba directamente a los ojos. Luego la llevó con fuerza hacia
la sensación de su pulsátil extensión.
Ella jadeó. Se impulsó en su interior y sus músculos se apretaron dándole
la bienvenida. Fiero deseo la atravesó mientras él tomaba sus caderas y la
impulsaba de arriba abajo. Ella gritó y mordió su hombro mientras las
emociones se ponían más feroces, tiró su cabeza hacia atrás y agitó su
mojado cabello y gritó mientras llegaba al orgasmo sobre él.
La siguió hasta que ella se desplomó sobre él, sus rodillas y piernas
temblaban, se apoyó contra su pecho, presionando besos sobre él mientras
prácticamente ronroneaba de satisfacción. La sostuvo por un largo tiempo,
bajo el punzante vapor de agua y cuando finalmente ella alzó su cabeza, él
alisó su cabello.
—El perro puede quedarse por una semana.
Ella rió y deslizó sus dedos por las líneas de su rostro, amando la manera
en la que lucía, cuando se relajaba y bromeaba con ella. Amando cada
obstinada parte de este hombre quien era su compañero de negocios, su
esposo y mucho más.
—No hice esto por el perro. Fue por razones puramente egoístas.
—Mi tipo de mujer.
—Te traje vino. La cena está lista.
Él no dijo nada, sólo siguió mirándola. Increíblemente, el latido de su
corazón se aceleró y sus pezones se endurecieron. Casi embarazoso, se
giró para irse pero él la detuvo y su sonrisa se tornó lasciva mientras
deslizaba una mano hacia abajo y deslizaba un dedo en su interior.
Contuvo la respiración mientras su pulsó se aceleraba, mientras él
engatusaba el pequeño y palpitante capullo para que floreciera y ella
apretó sus hombros y agitó su cabeza ante el poder que él tenía sobre ella.
—No puedo…
—Si puedes. De nuevo, Paula.
Presionó más profundamente, lo movió hacia adelante y atrás contra sus
labios hinchados y sus labios se arquearon hacia arriba para encontrarse
con los suyos. Él se puso de nuevo duro, separó sus piernas y se impulsó
hacia adelante. Ella lo cabalgó con un desenfreno que no había mostrado a
ningún otro amante y luego cuando su cuerpo temblaba por las replicas, él
la sostuvo, cerró la llave y suavemente la secó. Sus movimientos eran
tiernos, sus ojos cerrados mientras parecía retener ciertas emociones hacia
ella. Ella le permitía sus secretos, y tomaba lo que él le daba con una
codicia que la sorprendía por su intensidad. Pero él nunca lo sabría.
Nunca entrevería cuán profundos eran sus sentimientos hacia él, o
descubriría el secreto que siempre había sospechado y que finalmente se
admitía a sí misma.
Ella lo amaba.
Completamente, cada parte de él, bueno o malo, su amigo y amante,
compañero y rival. Quería pasar el resto de su vida con él, dándole todo,
aun cuando ella supiese que él no la amaba. Escondió aquel conocimiento
en un lugar secreto en su interior. Luego se dio cuenta que tomaría lo
fuese que él le ofreciera, aunque nunca fuese suficiente.
Ella lo besó una vez más, sonrió y mantuvo la tristeza en su rostro.
—¿Listo para la cena?
Desconcierto pasó por su rostro, casi como si él supiese que ella le estaba
ocultando algo importante, pero luego él le regresó la sonrisa.
—Sí.
Tomó su mano y la guió afuera.
* * *
HERMOSA HISTORIA , ME QUEDE CON GANAS DE MAS CAPITULOS GRACIAS,POR SUBIR
ResponderEliminarWow me encanta!!!
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