Pedro salió de la cama, con cuidado para no despertar a su esposa, y
desnudo buscó en la habitación algo de ropa. Se puso una camiseta de los
Yankees, recordó su acuerdo y la cambió por una camiseta negra y unos
pantalones de chándal. Sus labios se curvaron mientras recordaba la
alegría de ella cuando los Yankees perdieron en los playoffs. Bajó las
escaleras y preparó café, haciendo una pausa para mirar el sol luchando
por salir de entre las montañas a la luz del amanecer.
A su juicio, este matrimonio estaba oficialmente consumado.
Pedro pasó la mano por la parte posterior de su cuello y trató de pensar
racionalmente. Seguro que no había pensado la noche anterior. No es que
tuviera algún remordimiento. La sorpresa parpadeaba a través de él ante el
darse cuenta. Había deseado a Paula durante mucho tiempo y anoche
había demostrado el por qué. Todo era diferente con ella. La forma en que
su cuerpo se acomodaba al suyo, la forma en que su placer lo satisfizo. Le
encantaba la forma en que miraba a los ojos y arrastraba las uñas en su
espalda experimentando múltiples orgasmos. Le encantaba la forma en
que ella gritaba su nombre. Habían llegado varias veces a través de las
horas, su hambre insaciable.
Pero no fue solamente lo físico lo que hizo el encuentro tan increíble.
Fueron las otras conexiones, con su mente y alma. La manera en que ella
le dejó ver su vulnerabilidad, el modo en que ella lo dejó entrar cuando
ninguna promesa había sido hecha, ninguna palabra hablada.
Ella lo asustaba demasiado. Bebió una taza de la humeante bebida y se
tomó un momento en la cocina para juntar sus pensamientos. Ellos
necesitaban hablar. Su relación había alcanzado un giro en el camino y
después de las últimas horas en su compañía, no sabía si él podría
retroceder. Su intención original de evitar el sexo había sido para evitar las
emociones.
Esto ya no era posible. Él tenía sentimientos por Paula: algún deseo,
alguna amistad. Junto a otros elementos que él no era capaz de nombrar.
Al final del año, él todavía tenía la intención de alejarse. Realmente no
tenían otra opción. Un matrimonio real con niños no estaba en su futuro.
Pero por ahora, ellos podrían disfrutar el uno del otro en vez de luchar
contra la atracción. Estaba seguro de que Paula sería capaz de manejarlo.
Ella lo conocía, sabía que él no era capaz de tener un verdadero
compromiso a futuro, pero se dio cuenta de que sus emociones se
adentraron más profundamente que una follada ocasional.
Él se asintió a sí mismo, contento con el resultado. Sí, ellos explorarían
esta intensa atracción durante los próximos meses. Era una locura que
ellos no aprovecharan la oportunidad.
Satisfecho por su lógica, sirvió una taza de café para su esposa y subió las
escaleras.
***
Paula apretó su cara profundamente en la almohada cuando la realidad de
la situación la golpeó como un tren de carga.
Ella había dormido con su marido.
No una. No dos. Sino al menos tres veces. Demasiado para llamarlo un
loco error. Y también tremendamente intenso para atribuírselo a una sola
noche de amor.
Mi Dios, ella nunca sería capaz de mantener sus manos fuera de él otra
vez. Ella gimió y se forzó a mirar la situación con alguna neutralidad. Era
difícil de hacer cuando sus muslos dolían y el olor a sexo se adhería a las
sábanas. Ella todavía lo saboreaba en su lengua, todavía sentía la presión
de sus dedos sobre su cuerpo. ¿Cómo ella podía esperar seguir adelante y
pretender que la noche anterior no le importaba?
Ella no podría. Por lo tanto, necesitaba un nuevo plan.
¿Por qué no mantener las cosas como estaban?
Ella suspiró profundamente y trató de analizar sus emociones con la
frialdad de un cirujano haciendo el primer corte. Sí, el pacto indicaba
claramente no tener sexo, pero había sido para protegerlos a ambos de
meterse con otras parejas. ¿Qué si ellos solamente continuaban tal cual?
¿Ella podría manejarlo?
Ellos se querían el uno al otro. Ella creía en su deseo por ella ahora; su
cuerpo claramente le había dicho lo que su mente negaba. La noche
pasada había sido mucho más que sexo, más bien una mezcla extraña de
amistad, respeto, necesidad.
Y…
Ella tiró violentamente una barrera en aquel atemorizante pensamiento y
siguió adelante.
¿Bien, entonces qué si ella sugiriera que ellos continuaran durmiendo
juntos hasta que el año termine? Ellos mantendrían su amistad y
acabarían con la horrible tensión sexual, disfrutando el uno del otro
durante los próximos meses. Sí, sus profundos sentimientos por él la
aterrorizaban. Sí, ella podía conseguir que rompiera su corazón cuando él
se alejara. Pero ella lo conocía, sabía que tan obsesionado estaba él con su
pésima educación, ninguna mujer ganaría su confianza.
No tenía falsas expectativas.
Paula ansiaba tomar un riesgo. Ella lo quería en su cama, quería tomar lo
que podía por este corto tiempo y al menos tener los recuerdos. Estaría a
salvo porque ella no tenía ilusiones.
Sus intestinos se sacudieron ante su último pensamiento pero no hizo
caso de la advertencia.
Entonces la puerta se abrió.
Pedro vaciló, la taza de café en la mano. Un rubor débil manchó sus mejillas
ante su intensa mirada, ella por accidente deslizó una pierna desnuda bajo
la barrera del cobertor y rodó a su lado.
—Hola.
—Hola —ella repitió. Un silencio incómodo golpeó alrededor de ellos en
una típica mañana después del episodio. Paula hizo señas hacia el café—.
¿Para mí?
—Oh, sí. —Él se movió hacia ella y se sentó al borde de la cama. El
colchón se hundió bajo su peso, le dio la taza, viendo como ella tomaba un
sorbo del reconocido café tostado colombiano. Ella suspiró con placer
después de saborearlo.
—¿Bueno?
—Perfecto. Odio el café suave.
Su labio inferior apretado ligeramente.
—Lo imaginé. —Él no dijo nada durante un tiempo mientras ella bebía. Él
parecía esperar por una iniciativa, pero Paula imaginó que no podía
preguntarle si ella durmió bien ya que ellos apenas habían cerrado sus
ojos.
Su olor masculino subió a su nariz como un compañero buscando
reconocimiento. Él no se había duchado. El delgado chaleco negro dejaba
sus brazos y la parte superior de su pecho expuesto, sus pantalones
colgando bajo la cintura, dándole una vislumbre de una piel bruñida y un
vientre apretado. Un calor salvaje hormigueó entre sus muslos y ella se
movió ligeramente sobre la cama. Maldición si no se convertía en una
ninfómana con este hombre. Una vez más y necesitaría un bastón para
entrar en su librería, pero a su cuerpo no parecía importarle.
—¿Cómo te sientes? —él preguntó.
Ella parpadeó y movió su cabeza hacia arriba. Un mechón de cabello rubio
resbalaba sobre su frente, su mandíbula estaba oscurecida con una barba
incipiente. Notó que él mantenía su atención en su rostro en lugar de la
sábana deslizadiza que seguía cayendo y revelaba sus pechos.
Habitualmente tímida, una pizca de malicia bailó a través de ella con la
necesidad de probar su control. Se estiró delante de él para colocar su taza
sobre la mesa de noche. La sábana se estiró, luego cedió cuando ella aflojó
su agarre. El aire se precipitó sobre sus pechos desnudos y provocaron a
sus pezones tensarse alcanzando el punto máximo. Ella fingió no notarlo y
contestó su pregunta.
—Bien. Mis músculos un poco adoloridos, de todas formas. Necesito una
ducha caliente.
—Sí, una ducha.
—¿Quieres algo para desayunar?
—¿Desayuno?
—Cocinaré algo una vez que esté vestida. No tienes que ir a la oficina hoy,
¿verdad?
—No lo creo.
—Bien. ¿Qué quieres?
—¿Querer?
—Sí. De desayuno.
Ella apoyó su cabeza en una mano y lo estudió. Él tragó con fuerza y
apretó su mandíbula, como si tratara desesperadamente de prestar
atención a sus palabras en lugar de su cuerpo medio desnudo.
Paula contuvo una risa y subió la apuesta inicial. Su pierna serpenteando
desde debajo de la sábana, ella se estiró. Flexionó y meneó sus dedos del
pie en el aire. Entonces enganchó su rodilla sobre la sábana y la dobló en
un ángulo.
Pedro aclaró su garganta.
—No tengo hambre. Tengo que ir a trabajar.
—Dijiste que no trabajarías.
—Correcto. —Su piel prácticamente se estremeció bajo su mirada
lujuriosa. La excitación bombeando a través de sus venas ante el
pensamiento de él avanzando lentamente a la cama para hacer el amor
con ella otra vez, pero no tenía idea de cómo hacerlo.
Ella reunió sus fuerzas y se fue a la yugular.
—¿Entonces, vamos a hablar de lo de anoche?
Él se estremeció, luego asintió. Cuando ella permaneció tranquila, él
pareció forzado a responder algo.
—Anoche estuvo bien.
Ella se apoyó. La sábana realmente se cayó y se quedó puesta alrededor de
su cintura. El torso desnudo, se apoyó en un codo y arrojó su cabello
sobre su hombro y fuera de sus ojos. Ella ignoró el extraño sonido que él
hizo y siguió la conversación.
—¿Sólo bien?
—No, no, fue genial. —Él hizo una pausa—. Realmente grandioso.
El hombre definitivamente se estaba rompiendo. Ella siguió.
—Me alegro. He estado pensando acerca de nosotros y hacia dónde vamos
a partir de aquí. Podemos seguir adelante y optar por no dormir juntos
otra vez. Manteniendo las cosas menos complicadas, ¿correcto?
Su cabeza se balanceaba hacia arriba y abajo mientras miraba sus pechos.
—Absolutamente.
—O podemos seguir.
—¿Continuar?
—Teniendo sexo.
—Mmmm.
—¿Qué piensas tú?
—¿Sobre qué?
Paula se preguntó si su mente se había desvanecido o si toda la sangre
realmente dejó la cabeza del hombre para irse a otra parte. Un vistazo
rápido confirmó sus sospechas. Su plan definitivamente funcionaba. Sólo
necesitaba hacerle admitir que quería seguir durmiendo con ella y estaba
segura que el resto funcionaría.
—¿Pedro?
—¿Sí?
—¿Vas a contestar la pregunta?
—¿Cuál era la pregunta?
—¿Seguiremos teniendo sexo hasta que el matrimonio haya terminado o
volveremos a ser sólo amigos?
—Paula?
—¿Sí?
—Voto por el sexo.
En un momento ella disfrutaba de esta lenta tortura, al siguiente él la
había sujetado, subiéndose encima de su cuerpo desnudo avanzando
lentamente hasta encontrar su boca.
El beso era una caliente bienvenida en la mañana. Sus labios devoraron
los suyos, su lengua se deslizó dentro para provocarla, divertirse y luego
beber ávidamente. Él frotó su boca hacia adelante y hacia atrás, su línea
de mandíbula raspando su carne sensible con su barba. Sus manos
separaron la sábana de su cuerpo entonces él podría acariciarla y
excitarla, construyendo el calor con movimientos rápidos, eficientes hasta
que un gemido escapó de ella y separó sus muslos.
Él alcanzó la mesita de noche, entonces hizo una pausa cuando ella lo
detuvo.
—Estoy tomando la píldora —murmuró ella—. Para regular mis períodos.
Era todo que él necesitaba. Pedro bajó sus pantalones de chándal,
presionando sus palmas en el interior de sus muslos y se levantó. Ella
jadeó. Clavando sus uñas en sus hombros. Y se aferró. Él la castigó por
burlarse de él, llevándola hasta el borde mismo, luego se retiró cuando ella
se balanceaba al borde del orgasmo. Él bajó su cabeza y probó sus pechos,
lamió sus pezones, luego comenzó el ascenso otra vez, sólo para atraerla
de nuevo. Ella sacudió su cabeza hacia adelante y hacia atrás sobre la
almohada, extendiendo la mano tomó sus mejillas, forzándolo a mirarla.
Su barba áspera de la mañana rasguñando su piel.
—Ahora.
Él esperó con ese férreo control que ella tanto admiraba y odiaba. Una
sonrisa sexy tirando en sus labios.
—Di por favor.
Ella rechinó los dientes con una maldición mientras ella se acercaba al
borde otra vez. La locura arrasando a través de ella y Paula hizo un voto
para nunca jugar juegos de poder con su marido nuevamente, porque su
venganza era demasiado brutal. Ella arqueó sus caderas con feroz
demanda.
—Por favor.
Él se hundió hacia adelante y ella subió vertiginosamente dentro de su
clímax. Su cuerpo apretándose con convulsiones, se aferró a él avariciosa
mientras él seguía. Todavía dentro de ella, se dejó caer sobre su cuerpo y
descansó su cabeza sobre la almohada a su lado. Su respiración
entrecortada llenando el aire.
Ella cerró sus ojos durante un breve momento. El olor de almizcle, sexo y
café se mezcló y se elevó a su nariz. Un diminuto destello de miedo se agitó
cobrando vida mientras ella yacía en sus brazos. Después de una noche,
su cuerpo lo acogió como su otra mitad. Paula no era del tipo de persona
de meterse en encuentros sexuales casuales. Ella era del tipo que se
enamora, con fuerza, y soñaba con felices por siempre.
Pero no había ningún final de cuento de hadas con Pedro Alfonso. Él lo había
aclarado desde el principio. Tenía que recordar sus limitaciones cada día,
sobre todo después del sexo. Separar lo físico de lo emocional. Mantener
su corazón guardado en una torre tan alta y tan fuerte, que incluso
Rapunzel nunca habría escapado. Disfruta tus orgasmos y un poco de
amistad, luego aléjate.
Seguro. No hay problema.
Su corazón le gritó MENTIROSA pero ella lo ignoró.
—Supongo que esto sella el trato —dijo ella.
Él rió entre dientes y lanzó su brazo sobre su cuerpo. Ella se acurrucó más
cerca.
—Pienso que hicimos una elección lógica. Ahora tenemos algo más
interesante que hacer que el ajedrez o el póker.
Ella mordió juguetonamente su hombro.
—No vamos a salir de nuestros torneos, amigo. Solamente
condimentaremos un poco las cosas.
—¿Cómo?
—¿Alguna vez jugaste strip póker?
—Eres una mujer asombrosa,Paula .
—Lo sé.
GRACIAS!! ♥
Buenisimo,segui subiendo!!!
ResponderEliminarBuenísimos capitulos!! Me encantaron!! @AmorPyPybb
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