He contratado a un nuevo socio. Ella estará bajo tu dirección y serás responsable de su formación.
Pedro cortó su mirada hacia el hombre que estaba sentado al otro lado de la mesa. Sus terminaciones nerviosas se erizaron ante el anuncio, pero permaneció en silencio. Estiró las piernas debajo de la mesa de conferencia, cruzó los brazos frente a su pecho y arqueó una ceja. Había trabajado muchas horas y sudado sangre para sacar el imperio familiar de La Dolce Maggie, rama americana EE.UU. de La Dolce Famiglia con base en Italia, de la tierra, y maldita fuera si se salía limpiamente.
—¿Buscándome un remplazo, jefe?
Más como un hermano que como un jefe, Michael Chaves le disparó una sonrisa.
—¿Y lidiar con tu mamá viniendo detrás de mí a patearme el culo? Ni pensarlo. Necesitas ayuda con la expansión.
Pedro sonrió.
—Parece que tu mamá es más dura que la mía. ¿No te instigó a tener una boda por la fuerza con tu esposa? Qué bueno que la amabas, o estarías en problemas.
—H
—Es curioso, Alfonso. La boda no era problema. Fueron tus dudas acerca de mi esposa las que verdaderamente nos metieron en problemas.
Pedro hizo una mueca.
—Lo siento. Trataba de proteger a un amigo de una mujer hambrienta de dinero. De todos modos, ahora me encanta Maggie. Es suficientemente fuerte como para llevar tu basura.
—Sí, ahora hay como un club de admiración mutua entre el ustedes dos.
—Es mejor que la guerra. Entonces, ¿quién es el pez gordo entrando?
—Paula.
Pedro cerró la boca con fuerza.
—¿Perdón? ¿Paula, tu hermanita? Tienes que estar bromeando. ¿No está todavía la escuela?
Michael se sirvió un poco de agua del refrigerador y tomó un sorbo.
—Ella se graduó en mayo pasado de su MBA de la SDA Bocconi, y ha estado entrenando en el Dolcedi Notte.
—¿Nuestro competidor?
Michael sonrió.
—No lo creo. No están tratando de conquistar el mundo como nosotros, mi amigo. Pero puedo confiar en que le enseñaron competencias básicas en el negocio de la panadería. Quería que se entrenara con Julietta, pero se niega a quedarse a la sombra de su hermana mayor. Ha estado rogándome por venir a Estados Unidos y ya le corresponde su pasantía. Es hora de unirse a la empresa familiar. ¿Capisce?
Ah, demonios. Sí, entendía. Pedro estaba siendo reasignado a la labor de niñera para la hermana menor del clan. Claro, él la quería como a una hermana, pero su tendencia de echarse a llorar en escenas emocionales no iba bien con el negocio. Pedro se estremeció. ¿Y si hería sus sentimientos y se derrumbaba? Esta era una mala idea por todos lados.
—Um, Michael, tal vez deberías ponerla en contabilidad. Siempre has dicho que es capaz con las figuras, y no creo que gestión sea un buen ajuste. Tengo un horario loco y estoy en negociaciones delicadas. Por favor, dásela a alguien más.
Su amigo negó con la cabeza.
—Con el tiempo, la voy a pasar a CFO. Pero por ahora la quiero contigo. Ella tiene que aprender el manejo adecuado y cómo funciona La Dolce Maggie. Tú eres el único en quien confío para asegurarse de que no se menta en problemas. Eres de la familia.
Las palabras simples cerraron el último clavo de su casa de vampiros. Familia. Michael siempre había cuidado de él, y él le había probado que valía la pena. También había soñado con un lugar tallado para él. El pico de la cadena alimentaria, por así decir.
Nadie había cuestionado nunca su trabajo como CEO, pero últimamente se preguntaba si la falta de la preciada sangre Chaves en sus venas le hacía daño a su posición.
Los contratos eran temporales y se renegociaban cada tres años. Anhelaba un lugar más permanente en el imperio que ayudó a construir, y la ampliación de otras tres panaderías podría ser la joya de la corona.
Si hacía bien su trabajo, podría asegurarse estar en la cima, justo al lado de Michael, como socio permanente en vez de un director ejecutivo designado. Preocuparse por una joven recién salida de la escuela de negocios le distraería. A no ser…
Dio unos golpecitos con el dedo contra su labio inferior. Tal vez Michael necesitaba que le recordaran lo importante que eran sus esfuerzos para la compañía. Al arrojarle a Paula ciertos desafíos, estaría seguro de resaltar sus deficiencias y su corta edad, manteniéndola todo el tiempo bajo su supuesta protección.
Después de la expansión, Pedro intentaría abordar a Michael respecto a la sociedad. Paula podría ser capaz de abogar por su causa, sobre todo si era su mentor y ella dependía de su retroalimentación.
Sí, tal vez esto era lo mejor.
—Está bien, Michael, si eso es lo que quieres.
—Bien. Ella llegará dentro de una hora. ¿Por qué no vienes a cenar a casa esta noche? Tendremos una pequeña celebración de bienvenida por su llegada.
—¿Maggie va a cocinar?
Michael sonrió.
—Diablos, no.
—Entonces estoy dentro
—Hombre inteligente. —Michael aplastó el vaso de papel, lo tiró en la basura y cerró la puerta detrás de él.
Pedro miró su reloj. Tenía un montón de trabajo que hacer antes de que ella llegara.
Paula se quedó mirando la elegante puerta de madera con la brillante señal dorada. Tragó el nudo en su garganta y secó las palmas húmedas en su falda negra. Esto era ridículo. Ella había crecido y hacía mucho que había pasado los días bebiendo los vientos por Pedro Alfonso.
Después de todo, tres años era mucho tiempo.
Se alisó un mechón de pelo de su elegante moño, enderezó los hombros y llamó a la puerta.
—Adelante
El sonido de su voz ronca atravesó su memoria y la presionó casi estrangulándola. Era rico y cremosamente suave, insinuando sexo
travieso de una manera tan fuerte que sólo una monja podría ignorarlo. Quizás.
Abrió la puerta y se dirigió con falsa confianza.
Paula sabía que no tenía importancia. El mundo de los negocios sólo observaba lo que estaba sobre la superficie. Saberlo la tranquilizó, había aprendido muy bien a ocultar sus emociones durante su formación. Se trataba simplemente de una cuestión de supervivencia.
—Hola, Pedro.
El hombre detrás del extenso escritorio de teca la miró con una extraña mezcla de calidez y sorpresa, casi como si no estuviera esperando a la mujer que estaba delante de él.
Los penetrantes ojos azules se afilaron y vagaron sobre su figura antes de que su rostro se suavizara en uno amable de bienvenida.
Su corazón se tambaleó, cayó y se mantuvo estable. Por un momento, se permitió beber en su apariencia.
Su cuerpo era delgado y asentado, y a su impresionante altura siempre se añadía un comportamiento intimidatorio que era una ventaja en la mayoría de sus tratos. Su rostro reflejaba la imagen de un demonio y un ángel atrapado en una historia de amor. Pómulos agudos, una nariz elegante y una ceja curvada que aparentaba aristocracia. Una sexy perilla abrazaba su mandíbula acentuando la curva rolliza de sus los labios, hechos a la medida para el sexo.
Su cabello grueso, negro como el carbón caía en ondas a través de su indomable frente y salía disparado hasta el azul de sus ojos. Él se acercó a ella, caminando con una gracia natural que un hombre alto por lo general no mostraba y el aroma tentador de su colonia bromeó con sus sentidos. La extraña combinación de madera, especias y limón le provocaba ganas de enterrar la cara en la curva de su cuello y respirar.
Por supuesto, no lo hizo. Ni siquiera cuando la estrechó brevemente en un abrazo de bienvenida. Sus dedos descansaron sobre los anchos hombros apenas contenidos en un traje azul marino hecho a la medida.
Ella hacía tiempo que había enfrentado su criptonita personal y había aprendido grandes lecciones. Reconoce tu debilidad. Acéptala. Sigue adelante. Ahora, las reglas simples de los negocios se aplicaban a todas las áreas de su vida.
Ella le sonrió.
—Ha pasado un largo tiempo.
—Demasiado largo, cara. —La inquietud brilló en sus ojos y luego desapareció—. He oído que te graduaste entre los primeros de tu clase. Bien hecho.
Ella dio una breve inclinación de cabeza.
—Gracias. ¿Y tú? Michael dice que estás trabajando duro en la ampliación de La Dolce Maggie.
Su mandíbula se apretó.
—Sí. Parece que me ayudarás en este aspecto. ¿Has hablado con tu hermano ya?
Paula frunció el ceño.
—No, vine directamente a la sede, para poder adelantarme un par de horas. Pensé que me daría el recorrido. ¿En qué división voy a empezar? ¿Cuentas por pagar, presupuesto u operaciones?
Él estudió su cara durante un rato, su mirada era una caricia real mientras sondeaba cada rasgo. Ella resistió con fuerza y se sometió a la inspección. Tenía que acostumbrarse a su presencia ya que estaría tropezando con él en el trabajo. Gracias a Dios que había sido enterrada en contabilidad. Su núcleo de concentración y sus habilidades con cifras eran sólidas y Pedro rara vez tendría que supervisar su progreso.
Una sonrisa curvó sus labios sensuales y la distrajo brevemente.
—Conmigo.
—¿Perdón?
—Mi división. Vas a trabajar conmigo como mi asistente. Te estaré entrenando.
Horror la inundó. Dio un paso atrás como si él fuera el demonio pidiéndole que renunciara a su alma.
—No creo que eso sea una buena idea. —Una risa loca escapó de sus labios—. Quiero decir, no quiero entrometerme en el camino. Voy a hablar con Michael y convencerlo de empezar en otro lugar.
—¿No quieres trabajar conmigo? —Él levantó las manos—. No tienes nada de qué preocuparte, Paula. Voy a cuidar muy bien de ti.
Una imagen de él deslizando sus dedos en su húmedo calor y acariciándola hasta el orgasmo ardió frente a su visión. Dios sabía que él sabía cómo cuidar bien a una mujer. En todos los sentidos. El color inundó sus mejillas por lo que se volteó rápidamente como si estudiara la oficina. Ridículo. Estaba perdiendo el control en apenas cinco minutos de su primera reunión.
Sus tacones sonaron en el azulejo de madera mientras paseaba y fingía interés en la gran foto de la bahía. Esta era su última prueba y se negaba a fallar. Pedro era un tonto enamoramiento que sentía desde su juventud, y ya ella no vivía su vida en una prisión emocional. Había venido aquí por dos principales razones: demostrar su valía y exorcizar el fantasma de Pedro Alfonso.
Hasta el momento, había fallado en ambos propósitos.
Se aclaró la garganta y se enfrentó a él una vez más:
—Agradezco tu buena voluntad de entrenarme —dijo agradablemente—, pero me sentiría más cómoda en otro lugar.
Sus labios se curvaron.
—Haz lo que quieras. Pero creo que tu hermano tiene una idea clara de lo que quiere. ¿Por qué no te doy una breve gira mientras lo llamo? No creo que te esté esperando hasta más tarde.
—Bien. —Ella levantó la barbilla con desafío—. Quizás es el momento de recordarle a mi hermano que ya no está a cargo de mí.
Paula se aseguró de liderar la salida.
¿Qué demonios estaba pasando?
Pedro trotó obedientemente detrás de la fresca y preparada mujer delante de él y trató de reunir su ingenio. Esta no era la joven que había visto por última vez en Italia, que era emocional, dramática-auto-consciente.
No, esta Paula Chaves había crecido. Estaba acostumbrado a ser pateado por su mirada de admiración y por verla bajar la cabeza con timidez cuando algo la avergonzaba. Paula estaba acostumbrada a escuchar las demandas de otros. Ella era una chica complaciente con la gente, extra sensitiva y amorosa por la que siempre se sintió sobre protector.
Pero la mujer que había encontrado esta vez parecía completamente en control y capaz. La idea de ella enfrentándose a su hermano mayor le sorprendió. Se imaginó la rápida puñalada de decepción ante los cambios, luego se encogió de hombros. Tal vez ella terminaría siendo más que un activo para la empresa, como originalmente había pensado.
Por supuesto, su cuerpo también había florecido. ¿O sería que nunca lo había notado? Pedro arrancó su mirada de la curva de su trasero mientras balanceaba sus caderas al antiguo ritmo creado para volver locos a los hombres.
Más bajita que sus hermanas mayores, se tambaleaba sobre tacones de diez centímetros que mostraban la musculosa longitud de sus piernas. Mientras la presentaba con varios empleados y hacían su camino hacia la planta baja, se dio cuenta que también había crecido en otras formas. Especialmente en el escote.
El calor se precipitó a través de él y apretó. La delicada blusa blanca estaba abierta en el cuello y revelaba un toque de encaje. Sus pechos llenos se tensaban contra el material como si estuviesen muriendo por escaparse, volviendo su traje de negocios respetable en un vehículo para un stripper. Horrorizado ante el repentino giro de sus pensamientos, rápidamente imaginó monjas en ropa interior y recuperó el control.
Paula estaba fuera de los límites. Él era su tutor y segundo protector. Pedro negó con la cabeza y estudió su cara en una luz casi académica. Siempre había sido una chica bonita, pero por lo general se aplicaba demasiado maquillaje por lo que no podía ver sus rasgos. Hoy, sus labios rojos escarlata eran su único accesorio. El tinte oliva en su piel brillaba bajo la luz y tentaba al hombre a tocarla.
Aquellos indómitos rizos habían desaparecido en un moño severo que desataba espesas cejas y altos pómulos. Su nariz era italiana y dominaba su rostro, pero el poder de aquellos tormentosos ojos oscuros mantenía a una persona cautiva y negada a escapar. Nunca había sido demasiado delgada, y se preguntaba por qué la mayoría de las mujeres querían serlo. Las exuberantes curvas que tensaban su traje de corte recto eran tentadoras.
¿Tendría un amante?
Mierda, ¿de dónde provino de ese pensamiento? Se frotó la los ojos y medio gimió con alivio al ver a Michael por el pasillo.
Su hermano alzó los brazos en antigua tradición familiar, pero Paula no se apresuró a su encuentro. En su lugar, sonrió y caminó lentamente por el pasillo, y le devolvió el abrazo. La fortaleza de su vínculo brilló alrededor de ellos, y una vez más, Pedro experimentó una punzada de soledad. Siempre había anhelado un hermano con quien compartir su vida. Por lo menos, Michael y sus hermanas eran su familia adoptiva. Pero después de que el padre de Pedro muriera, la única meta que lo mantenía en el camino de la venganza era: el éxito.
Así que no lo arruines.
Él asintió con la cabeza ante su voz interior y se reorientó. Michael echó el brazo por el hombro de Paula y se acercó.
—Estoy tan feliz de que por fin estés aquí, mia bella. Le dije a mi chofer que te llevara directo a casa. Maggie te ha estado esperando.
Paula inclinó la cabeza y sonrió.
—¿Y cómo lo está llevando mi cuñada?
—Irritable.
—¿La culpas? —Ella se echó a reír—. Le dije a tu chofer que había un cambio de planes. Me imaginé que tomaría un tour, arreglaría mi escritorio y luego llegaría a casa. Pedro me dio una breve visión general del diseño.
Michael le dio una palmada en la espalda y se dirigió a Paula.
—Estás en buenas manos. ¿Por qué no tomas la oficina al lado de la suya? Ha estado vacía durante un tiempo y puedo conseguir que limpien las cajas hoy mismo. Mañana tendremos una reunión de estrategia sobre algunos nuevos desarrollos.
Un silencio incómodo se estableció en torno a ellos. Michael pareció confundido al ver la mirada pedregosa de su hermana.
—Sí, parece que primero tenemos que establecer algunas reglas. ¿Podemos vernos en tu oficina?
Pedro asintió.
—Los dejaré solos y te veo esta noche.
—No, Pedro. Me gustaría que te unieras a nosotros —dijo Paula.
Su mirada directa causó una extraña sensación de picor en su piel, pero la ignoró. Asintió y se reunieron en la oficina de Michael. Las sillas eran profundas y cómodas, hechas para largas horas de conferencias. Él luchó contra una risita cuando su pequeña figura fue tragada por el acolchado terciopelo y rodó su trasero hasta el borde del asiento.
Ella le arrojó una mirada de disgusto que le dijo que se había dado cuenta de su diversión y de inmediato cerró sus piernas, colocando sus tacones firmemente en el suelo. Esas pantorrillas bien definidas estaban hechas para engancharse a las caderas de un hombre mientras empujaba dentro de ella.
Jesús, contrólate. Era un viejo a los treinta y cuatro. Claro, el aspecto de bibliotecario caliente era un shock, pero Paula todavía era como de la familia y años más joven. Protegida. Inocente. Probablemente moriría de vergüenza si ella sospechaba que su aparición había sacudido su mundo... y partes de su anatomía.
Rápidamente dispersó la imagen.
—Michael, tengo algunas preocupaciones acerca de mi lugar aquí. Tal vez puedas hacerme saber cómo percibes mi rol y podamos hacer los ajustes necesarios.
Su hermano se echó hacia atrás. Parecía que no era el único sorprendido por la racional Paula Chaves.
—No debes preocuparte por eso, cara. Eventualmente, ocuparás la posición de CFO, pero por ahora ayudarás a Pedro en todos los aspectos de funcionamiento de La Dolce Maggie. Necesito que primero aprendas todos los niveles de operación. Por supuesto, vivirás con Maggie y conmigo. He organizado una suite privada y la puedes decorar como quieras. Cuando tengas alguna preocupación, vienes a mí y la resolvemos. —Michael prácticamente resplandeció de orgullo por su generosa oferta.
De alguna manera, Pedro sospechaba que se estaban gestando problemas. Un gran lío. Esperó la explosión de mal genio femenino.
Paula asintió.
—Ya veo. Bueno, eso es muy generoso de tu parte y agradezco la oferta. Por desgracia, no he venido a Nueva York para vivir en la casa de mi hermano y estar a la sombra de su CEO. Tengo mis propios planes. Me estoy mudando al antiguo apartamento tipo loft de Alexa este fin de
semana. En cuanto a La Dolce Maggie, creo que serviría mejor a la empresa en contabilidad y operaciones dado que esa será mi posición permanente. Pedro no necesita que alguien lo distraiga de su papel aquí.
Pedro rápidamente cerró la boca de golpe y oró porque nadie lo hubiese notado. ¿Dónde estaban los fuegos artificiales y el drama familiar? Paula era una joven mujer apasionada, emocional, que nunca se mordía la lengua y seguía cada sentimiento que tenía. Por eso se metía en tantos problemas. Él recordó aquella ocasión en que ella saltó del auto para seguir a un perro perdido en el bosque y se perdió.
Dios, que fiasco. Pensaron que la habían secuestrado y la encontraron horas después con una bola sucia de la piel en sus brazos en un improvisado refugio que había construido con ramas y hojas. Sin siquiera una lágrima en los ojos, había anunciado que confiaba que la encontrarías y salió con ese pero mientras su hermano gritaba y Pedro casi se desmayaba de alivio.
Michael la miró fijamente.
—De ninguna manera. Eres mi hermana y te quedarás con nosotros. Nueva York es un lugar aterrador. En cuanto a la empresa, no necesito otra persona en el departamento de contabilidad por el momento. Aprenderás más de Pedro.
—No. —Sonrió amablemente, pero su palabra explotó en la habitación como un globo pop.
—¿Qué?
—No me estás escuchando, Michael. Si no podemos comunicarnos de manera adulta, esto no va a funcionar. Ya he recibido dos ofertas de empleo de empresas en Manhattan y no les he dado mi decisión final. Quiero demostrar mi valor aquí, pero si continúas tratándome como a una hermana pequeña, no voy a ser capaz de hacer mi trabajo correctamente. Eso no sería justo para nadie. Ahora, si tienes alguna razón válida que no sea que quieres que Pedro tenga un ojo sobre mí para que no me meta en problemas, me gustaría oírla. Si no, con mucho gusto seguiré adelante sin sentimientos heridos. ¿Capisce?
Pedro se preparó para el genio italiano de su amigo y jefe. Había una cosa que Michael perseguía con el vigor de una guerra medieval, la protección de su hermana pequeña. Su palabra era ley en el hogar Chaves, pasada por generaciones de tradiciones de vieja escuela. La idea de que Paula de repente desafiara sus decisiones en el momento que aterrizara en su propio terreno le fascinaba como el infierno.
Y entonces el mundo se inclinó sobre su eje.
Michael hizo una breve inclinación de cabeza. Un indicio de sonrisa tocó sus labios.
—Muy bien, cara. Quiero que te quedes en mi casa porque Maggie podrá disfrutar de tu compañía. Podemos mostrarte todo alrededor hasta que te sientas más cómoda en tu entorno. En cuanto a la empresa, conozco tus habilidades en Excel con cifras, pero necesito que recibas capacitación en todos los aspectos del negocio, sobre todo en gestión. Pedro es el único en quien confío para pulir correctamente tus habilidades.
¿Eh?
Pedro miró a su alrededor buscando cámaras, pero no encontró ninguna. Paula pareció complacida.
—Muy bien, estoy de acuerdo en que Pedro será la persona idónea. También he echado de menos a Maggie, así que voy a pasar la semana entera. Pero realmente tengo que mudarme. Vivir con mi hermano mayor no es lo que esperé cuando llegué aquí. Es hora de conseguir mi propio lugar y el apartamento de Alexa suena perfecto. ¿De acuerdo?
Él no lucía feliz por perder la última mitad del acuerdo, por lo que Pedro esperó más negociaciones.
—De acuerdo.
Los hermanos se sonrieron entre sí. ¿Quiénes eran estas personas?
—Ahora, déjame ir al baño, después, ¿me puedes llevar a casa? Estoy agotada y necesito cambiarme.
—Por supuesto. Vamos a tener una pequeña cena para celebrar tu llegada, pero tendrás la oportunidad de dormir una siesta.
—Maravilloso. —Ella graciosamente se levantó de la silla y se detuvo frente a él—. Gracias por la visita, Pedro. Te veré esta noche.
Él asintió con la cabeza, todavía estupefacto por la civilizada reunión que acababa de presenciar. Salió de la habitación y se quedó mirando a su jefe.
—¿Qué demonios fue eso? ¿Por qué no estableciste la ley como siempre haces? ¿Y qué pasó con ella? No ha llorado o enfadado ni una vez desde que llegó.
Michael hizo un gesto con la mano en el aire y se encogió de hombros en su traje de chaqueta.
—Maggie me convenció de que tengo que respetarla como un individuo con el fin de que tome sus propias decisiones. ¿Lo odio? Si. Pero ella ya creció y necesita encontrar su propio camino. —Sus ojos se ensombrecieron—. Soy su hermano, no su padre. Pero te agradezco mantengas un ojo sobre ella, mio amico. Confío en que la mantengas a salvo y la ayudes a aprender lo que necesite para llevar adelante esta empresa.
La inquietud se deslizó por su espina dorsal.
—¿llevar adelante la empresa?
Michael se echó a reír.
—Por supuesto. Ella es una Chaves y un día tomará las riendas a pleno derecho de La Dolce Maggie. Es para eso que la estamos entrenando.
Pedro miró a su amigo, y la frialdad se filtró en su pecho. ¿Alguna vez realmente se sintió verdaderamente como de la familia y lo suficientemente bueno como para tener una porción de la empresa? ¿Estaba siendo egoísta o ingrato? Habían construido La Dolce Maggie juntos, pero en sus entrañas, Pedro sabía que era reemplazable.
Paula podía ser nombrada directora financiera, pero también era dueña de una parte de la empresa. Él nunca le exigió permanencia a Michael, preocupado porque su amistad pudiera nublar una decisión que debía ser estrictamente de negocios. ¿Por qué siempre sentía la necesidad de luchar más duro para realmente pertenecer? Claro, su cretino padre lo había tomado, pero la constante lucha por dignidad lo estaba cansando.
—Te veré a las siete de esta noche. Gracias, Pedro.
La puerta se cerró detrás de él.
Pedro se quedó en la habitación con el silencio. Con el recuerdo.
Y con una sensación de malestar en el estómago que nunca parecía irse.
Buenísimo, seguí subiendo!!!!
ResponderEliminarMuy buena esta nove!!! Q sorpresa se llevó pp jajaja mimiroxb
ResponderEliminar