sábado, 27 de septiembre de 2014

Capitulo XV

Los días más tarde, Paula descansaba en la terraza de atrás, bebiendo un vaso de vino y acariciando a Dante. Él estaba sobre la mesa, tomando el calor del sol, ronroneando en voz baja. Se dio la vuelta y expuso su enorme vientre, su lugar favorito para ser rascado. Cada vez que la mano de ella se cansaba y se detenía, él le rugía en amenaza, aunque ella sabía que la amenaza era completamente falsa.
―Eres el rey del drama ―advirtió ella.
Esos enormes ojos verdes la miraron con implacable demanda y mal humor. Dejó escapar un suspiro de impaciencia y dejó el vaso. Le pasó las uñas suavemente sobre su vientre y volvió a ronronear tan fuerte que sonó como una motosierra.
―Bien, bien, aquí, ¿eres feliz ahora?
Dios, odiaba a los gatos.
Por supuesto, excepto Dante, que era un mentiroso grande y gordo. Este felino había trabajado su camino debajo de su piel. Una emoción barata patinó a través de ella de manera que el parásito no dejaba que nadie lo tocara, excepto ella. De una manera alocada, sentía como si se pertenecieran el uno al otro. Dos vagabundos, malos-culos solitarios que no sabían cómo manejar a la gente.
¿Qué iba a hacer?
Pedro la amaba. Desde su demoledora admisión y su demoledora confesión, habían acordado silenciosamente no discutir el tema más a fondo. Paula quería creerle, ansiaba tener la capacidad de devolverle las palabras, pero algo la mantenía prisionera.
Su pasado.

La luz del sol golpeó el diamante de dos quilates en su dedo anular y brilló en son de burla.
Tenía que tomar una decisión pronto. Ella accedió a quedarse unos días más, mientras se aseguraban de que mamá Alfonso estaba bien y podrían solidificar los planes para la boda de Venezia.
Nunca le había dicho a nadie, excepto a su madre, acerca de la violación. La traición de su madre mató una profunda confianza dentro de ella y Pedro la trajo de vuelta a la vida. Se le puso la piel de gallina en los brazos ante el recuerdo de sus manos y su boca y su lengua en cada parte de su cuerpo, sin la posibilidad de hacer otra cosa que rendirse. Maldita sea, ahora sabía por qué esas cosas de bondage eran tan ampliamente leídas.
Dante miró de reojo como si conociera sus pensamientos, le pateó la mano y se estiró en una posición diferente.
―Sí, apuesto a que eres un macho semental, golpeando a todas las mujeres indefensas en la ciudad ―le señaló―. Toma un poco de responsabilidad por tus acciones, amigo. Creo que tengo que llevarte al veterinario y hacer que te arreglen.
―¿Estás hablando con el gato?
Paula volteó la cabeza y luchó contra un rubor. Carina estaba de pie con los brazos cruzados, riéndose de ella.
―Por supuesto que no ―negó con vehemencia―. Estás oyendo cosas.
Ella soltó una risita.
―Sí, claro. Hola, Dante. ―Dio un paso más cerca, con la mano extendida, un tono bajo y suave alrededor del gato. Él vio su lenta aproximación y tanto Paula como Carina aguantaron la respiración.
Con un siseo de disgusto, se levantó, agitó su cola y desapareció entre los arbustos. La boca de Carina se abrió. Paula ocultó su expresión satisfecha y tomó un sorbo de vino.
―¿Por qué no le agrado? ―se quejó―. Me encantan los animales. Les doy de comer. Tú lo insultas y él te adora.
Paula se encogió de hombros.

―Los hombres son inconstantes. ¿Qué hay?
―Vamos a la ciudad a mirar flores. ¿Quieres venir?
Paula frunció la nariz.
―Aburrido. Paso.
Carina se rió.
―Lo sé, yo misma no soy el tipo de chica a la que le gustan las flores, pero dado que eres nueva en la familia, puedes escaparte de esta clase de cosas ―dejó escapar un suspiro―. Está bien, sé un palo de golf. Te veo un poco más tarde. Mama está descansando, pero está bien. ―Una expresión confusa revoloteó sobre su cara―. Es realmente extraño. Tan pronto como se fueron, tuvo toda esta energía, volvió a ser ella misma, y lucía bien. El doctor vino de nuevo y dijo que toda la cosa debió haber sido una falsa alarma.
―Ajá. Extraño, pero al menos es mejor.
―Sí, tienes razón. Nos vemos más tarde.
Carina se fue y Paula se sentó por un rato más, disfrutando del calor y el silencio. Necesitaba encontrar a Pedro. Con la casa vacía, era hora de que hablaran. Apuró el último sorbo de vino por valor líquido y entró en la casa.
Se asomó en algunas de las habitaciones y luego captó su profunda voz en el estudio. Se detuvo frente a la puerta e hizo una pausa antes de llamar. Tal vez debía esperar afuera hasta que…
―No, Max, ella no se casaría conmigo por dinero. Hace suficiente por sí misma. Eres como una madre sobreprotectora, mia amico.
Hizo una pausa y luego habló con una frialdad que le dio un escalofrío. ―¿Que hiciste qué? Contratar a un detective privado para revisar su historia es inaceptable. Sí, ya sé sobre su pasado. Ella no se parece a sus padres. Merda, no me cuestiones en esto, ella es mi esposa ahora.
Más silencio.
―No, no creo que vengan niños en un rato, ella necesita un poco de tiempo. No es la típica mujer que quería casarse, pero las cosas cambian. Puedo esperar. ―Paula

oyó sus pasos hacia adelante y atrás―. Esta es mi decisión y ya no quiero hablar de ello. Voy a hacer este trabajo.
La conversación se prolongó un poco más, mientras se escondía en el pasillo. La humillación le quemaba hasta que su piel realmente se erizó. Max no creía que fuera lo suficientemente buena para su mejor amigo. ¿Qué le habría dicho el detective? ¿Que sus padres eran una broma y que ella no tenía experiencia en relaciones sanas? A los pocos minutos de conocerla, Max se dio cuenta de la verdad que había estado tratando desesperadamente de ocultar.
Ella era sólo una sombra de una mujer. Pedro merecía más. Necesitaba a alguien con un corazón abierto y sin complicaciones. Una mujer de familia, que no tuviera que entrenarse, una que amara a los gatos, a los niños y cocinar.
No una mujer como ella. Una con un pasado de mierda, un corazón herido e incapacidad para amar.
Retrocedió lentamente mientras el ataque de pánico amenazaba. Se volvió. Entonces lo escuchó.
―Ah, la mia tigrotta, ¿quieres ir a dar un paseo conmigo? Es una noche hermosa.
Su rica voz musical acarició su piel y la tentó a olvidar.
La verdad se estrelló a través de ella.
No podía fingir más. No con él. No consigo misma.
Paula miró a su marido y tomó la única decisión que podía.
―Pedro, me voy a casa.
Él parpadeó y extendió la mano, pero ella se echó hacia atrás. Él frunció el ceño.
―¿Qué te pasa, Paula? ¿Ha pasado algo?
―Quiero ir a casa sola.
―¿Es por nosotros? ―Él la agarró del brazo y se inclinó hacia ella―. ¿Estás corriendo asustada porque te confesé mis sentimientos? Sé que no hablamos de ello de inmediato, pero pensé en darte un poco de tiempo.
Ella tiró de su brazo y se burló.

―No me hagas ningún favor, Alfonso. Digamos que estoy harta de mentiras y quiero mi vida de vuelta. No esta falsa vida. Ni este falso matrimonio. ―Ella elevó sus manos abarcando la habitación―. ¡Todo esto es una mierda! Hemos estado jugando un papel, fingiendo estar casados y luego forzándonos a un matrimonio de verdad cuando no había manera de que funcionará. Somos muy diferentes. ¡No quiero esto! ―gritó―. ¡No quiero hermanas prepotentes ni gatos callejeros, ni lecciones de cocina obligadas! No quiero sentirme ahogada todo el tiempo bajo el peso de la responsabilidad. Me gusta ser libre y tomar mis propias decisiones. Así que es hora de que ambos despertemos y dejemos de jugar a la maldita película de la semana.
Un músculo palpitó en su mandíbula. La ira se arremolinaba con dolor y sólo la enfureció aún más.
―¿Mis palabras no significan nada para ti? ―preguntó él furioso―. Te dije que te amaba. ¿Eso no significa nada?
Ella apretó la barbilla. Encontrando su mirada muerta.
―Tus palabras no significan nada.
Ella giró sobre sus talones para irse. Él hizo un movimiento para detenerla pero ella escupió como Dante y le enseñó los dientes.
―Déjame en paz, ¿no ves que no quiero seguir con esto? ¡No te quiero a ti, o a este horrible estilo de vida de tu verdadera esposa heredera! Ten un poco de orgullo, por el amor de Dios.
Esta vez, él la dejó ir.
Corrió por el pasillo, en busca de refugio a lamer sus heridas antes de su veloz partida. Caminaría a la ciudad, dejaría sus pertenencias y conseguiría una cita más tarde. Aparte de su cámara, todo lo demás era reemplazable. Mejor salir ahora a enfrentarse a sus hermanas. Pedro podía fabricar alguna excusa.
Con pies de plomo, agarró su cámara, su cartera y su teléfono celular. Hizo algunas llamadas rápidas y salió de la única casa en la que se sentía como si perteneciera. El único hogar que logró hacerla sentir amada.
Paula no miró hacia atrás.
―¿Qué está pasando?
Paula se sentó en la sala de estar y se quedó mirando a su mejor amiga. Alexa mecía al bebé en una de sus caderas, con el típico paño de baba por encima del hombro, mientras que Lily balbuceaba y gritaba mientras miraba al cachorro que jugaba con los pies de su madre. La pequeña bola dorada de pelo pateó sus zapatillas cubiertas y corría hacia atrás y adelante cada vez que Alexa se alejaba.
Fiel amigo, el feo perro por el que Alexa convenció a Nick para quedárselo hace más de un año, estaba en la pequeña mancha de sol que se filtraba por la ventana y veía al cachorro con un aire de desaprobación. El conocido pañuelo azul y naranja de los Mets alrededor de su cuello despedía un inaudito aspecto distinguido al que alguna vez fue un perro callejero sarnoso.
Paula trató de evitar el tema.
―No puedo creer que tengas un cachorro. Nick odia el desorden.
Alexa dejó escapar un suspiro impaciente y bailó fuera del alcance de la bola de pelo.
―Oh, no fui yo esta vez. Nick volvía a casa desde la vía de la costa y encontraron a Simba en el bosque, llorando. Tenía moretones en todo el cuerpo, el pobre. Debe de haber sido lanzado de un coche en movimiento.
Paula se estremeció.
―No puedo creer que no lo hubiera llevado a un refugio. ¿Qué has hecho con mi hermano?
Alexa se rió y se rebotó al ritmo de la música hip-hop que salía desde los altavoces de sonido envolvente. Simba gruñó de placer y trató de seguir el ritmo de sus movimientos. Lily soltó una risita.
―Primero llevó al perro al veterinario, luego lo trajo a casa mientras yo le pedía que no se encariñara. Dijo que iba a poner un anuncio en el periódico y encontrarle un hogar. ―Se encogió de hombros―. Así que lo dejé. Después de una semana, el anuncio desapareció y nunca volvimos a hablar al respecto. Él saluda al cachorro antes que a mí cuando vuelve a casa del trabajo.

El anhelo pasó a través de Paula. Echaba de menos a ese estúpido gato y la forma en que daba la vuelta y exigía que le rascaran el vientre. Echaba de menos el afán de Carina y la actitud empresarial de Julietta, y los estallidos dramáticos de Venezia. Echaba de menos la tranquila insistencia de la madre de Pedro en la cocina, el olor del horneado y beber café en la terraza.
Echaba de menos a su marido.
Paula se concentró en respirar y luchó contra el crudo dolor. Un día a la vez. Todo iba a estar bien, era una sobreviviente. Pero, ¿quién iba a saber que sobrevivir era mucho menos que vivir?
―Bueno, puedes darle las gracias adecuadamente porque te tengo un regalo. ―Paula le lanzó su amiga la bata roja de seda―. Sin detalles, por favor. Todavía es demasiado que te folles a mi hermano.
Alexa se echó a reír y examinó la hermosa pieza de encaje y seda en una mano.
―Gracias, nena, que es justo lo que necesitábamos esta noche. Además de una niñera.
―Me quedaré con ella una noche de esta semana para que puedan tener una cita. No iré a ningún otro viaje por un tiempo.
Paula flexionó sus manos. Su dedo anular desnudo destelló en son de burla y apresuradamente cruzó las manos sobre su regazo.
Alexa la estudió por un largo rato. Su voz fue suave y reconfortante cuando por fin habló.
―Paula, tienes que decirme la verdad. ¿Qué está pasando?
Ella se encogió de hombros.
―Fuimos a Italia. Vi a Pedro. De vuelta ahora. Nada más que decir.
―Pedro vino a verme.
Su cabeza se disparó y jadeó.
―¿Qué? ¿Qué te dijo?

Alexa marchó hacia el espacio de juegos, colocó a Lili dentro, pateó gentilmente a Simba de su pierna y se unió a ella en el sofá. Sus ojos azules mostraron una mezcla entre simpatía y apoyo.
―Pedro me contó todo, Paula. Sobre ir a Italia y pretender ser su esposa. Sobre el sacerdote haciéndolo real. Y cómo te confesó sus sentimientos, pero tú te escapaste y se los arrojaste a la cara.
Un fuerte rojo brilló ante sus ojos por la cantidad de mentiras que había pronunciado. Ella se estremeció y trató de hablar racionalmente.
―Él no te contó toda la historia, Alexa.
―Entonces, ¿por qué no lo haces tú? ―El dolor brillaba en su rostro. ―Eres mi mejor amiga.
Paula le tomó las manos y las apretó con fuerza. Las lágrimas amenazaron, pero se sostuvieron.
―Lo siento mucho. Tenía un plan, pero todo falló y ahora es un desastre. Hice un trato con Pedro. Fingiría ser su esposa si él prometía mantenerse lejos de ti. Yo sé que tiene sentimientos profundos, y estaba preocupada por ti y Nick. Estuvo de acuerdo, pero cuando llegamos a Italia, las cosas se complicaron.
―No puedo creer que todavía estés atrapada en esta idea. Nunca ha habido nada entre nosotros, salvo amistad.
―Ahora lo sé.
―¿Qué pasó? ¿Comenzaste a enamorarte de él?
Paula asintió.
―Al principio pensé que era sólo sexo. Pero entonces su familia me contuvo, y el estúpido gato, y luego tuvimos más sexo y empecé a tener ideas locas acerca de una relación entre nosotros. Me dijo que me amaba.
Alexa apretó los dedos de Paula.
―¿Y qué le dijiste?
―Nada. No pude decir nada, porque realmente no le creí. Iba a hablarle de ello, pero luego lo oí hablando por teléfono con su amigo Max. ―Tomó aliento―. No
creía que fuera lo suficientemente buena para Pedro. Piensa que somos una pareja terrible y tiene razón.
Alexa se quedó sin aliento.
―¿Cuándo le has hecho caso a la opinión de alguien más?
Paula sacudió la cabeza con terquedad.
―Escuché la conversación. No soy adecuada para él, no soy el tipo de mujer que necesita. Él quiere una familia grande con mascotas y constantes viajes a Italia. Él quiere una esposa bonita y sólida con una carrera respetable y maneras dulces. Peleamos. Y odio todas esas cosas.
―Oh, Paula. ―Alexa tomó las manos de Paula mientras las lágrimas llenaron sus ojos―. Mi querida amiga, ¿no sabes que eres todas esas cosas? ¿Cuándo vas a creértelo? Simplemente con tu lealtad hacia Nick y hacia mí, y tu voluntad de protegernos me dice que estás destinada a tener una familia propia. Pedro es un hombre complicado, algo que no muchas otras mujeres ven o incluso saben. Pero tú sí. Tú lo desafías y lo presionas y lo haces sentir cosas más intensamente. Cuando vino a contarme todo tenía el corazón roto. Cree que no lo amas, y que nunca podrás hacerlo, por lo que está destruido.
Paula peleó contra las lágrimas. Dios, la idea de Pedro herido la despedazó. Lo amaba con tanta fuerza, sin embargo sabía que Alexa no podía ver la verdad.
Necesitaba mucho más. Es curioso cómo nunca creyó que valía la pena la demanda. Pero Pedro la había cambiado. Al dejarse enamorarse de él, supo que siembre necesitaría estar con un hombre que se sintiera de la misma manera. Cualquier otra cosa la dañaría.
―Lo siento, Al. Quiero seguir adelante con mi vida y no volver a hablar de Pedro Alfonso nunca más. Si eres realmente mi amiga, haz esto por mí. ―Su voz se quebró―. Por favor.
Alexa dejó escapar un suspiro de fastidio.
―Pero…
―Por favor.
Ella apretó los labios. Luego asintió con la cabeza.
―Está bien. Sólo quiero que seas feliz, Paula.
La desolación de su futuro descendió sobre ella como una nube y forzó una sonrisa en sus labios.
―Voy a estar bien. Ahora, hablemos de otra cosa.
El resto de las horas pasaron y por un momento, Paula fingió que todo volvía a la normalidad.
Pedro se sentó detrás de su escritorio y se quedó mirando sus notas en la ceremonia de apertura. En dos días, su sueño por su familia y La Dolce Famiglia finalmente se haría realidad. La primera cadena de panaderías sería revelada la noche del viernes en una presentación de lujo y fiesta para competir con todos los demás.
El clima debería mantenerse, con la promesa de un hermoso y crujiente día de primavera con mucho sol. La panadería estaba preparada para abrir sus puertas con una variedad de postres, cafés especiales y pan recién hecho. El paseo marítimo del centro era un sueño para algunos inversores que vieron una oportunidad como ninguna otra.
Esta debería ser la semana más feliz de su vida.
En cambio, el dolor atormentaba su cuerpo y torturaba su corazón. Decidió contarle la verdad Alexa en un esfuerzo para ver si había una manera de llegar a Paula. Cuánto lo habían torturado sus palabras y su rápida partida sólo confirmaba su dura confesión. Ella no lo quería. No lo amaba. Y no quería la vida que él podía ofrecerle.
La noche había sido un desastre. Había tejido una historia loca de un tío enfermo y tuvo que jugar el papel que le corresponde para convencer a su madre y sus hermanas de que todo estaba bien. Se fue al día siguiente y le dijo a su taxista que le llevara el equipaje que ella había dejado atrás. Papretó los dedos en su sien dolorida. Dios, qué desastre. Por fin se había enamorado y la mujer ni siquiera lo deseaba. ¿Cómo iba a superarla?
Su imagen se burlaba de él sin parar. La forma en que se rendía en sus brazos y se volvía añicos con el clímax. La forma en que lo molestaba y se reía con él y lo desafiaba a cada paso. La ternura que mostraba con su familia y la forma en que se ocupaba de Dante, aunque juraba que no le gustaba. Contradictoria y cariñosa en extremo, estaba destinada a ser suya. Nunca confesó su pasado con otras mujeres. Ninguna mujer había cavado nunca lo suficientemente profundo como para molestarse siquiera a preguntarle sobre sus sueños. Pero  Paula lo comprendía, lo reconocía y lo apoyaba.
Un profundo dolor latía en su corazón y necesitando ahogarlo, rápidamente cogió la botella de coñac y se sirvió un trago. El líquido ardiente se deslizó por su garganta con facilidad y explotó en su vientre. Tal vez si consiguiera quedar completamente borracho, por fin podía dormir sin imágenes de ella desnuda y abierta debajo de él.
Su celular sonó. Murmuró una maldición y miró la identificación. Se detuvo un momento. A continuación, pulsó el botón.
―¿Alexa? ¿Está todo bien?
Escuchó durante un largo tiempo mientras ella hablaba. De repente, las piezas filosas se deslizaron y encajaron. Su corazón se aceleró y se levantó de la silla mientras su amiga le detallaba la conversación. Formó un plan y ya sabía lo que necesitaba hacer.
Sería su última batalla, pero valía la pena luchar.
Sólo esperaba que fuera suficiente.
Paula estaba de pie entre la multitud, cerca de Alexa y observando la ceremonia que tenía lugar. Su equipaje había llegado a su puerta ayer. Una simple nota venía unida a la manija, con elegante caligrafía.
Voy a cumplir con nuestro acuerdo y presentar la documentación necesaria para disolver el matrimonio.

Hizo caso omiso a la decepción y se concentró en la satisfacción de que su familia quedaría en paz. El vacío en el estómago la llevó a tomar el teléfono y ver algunas ofertas de trabajo en el extranjero. Tenía que salir de Nueva York y mantenerse ocupada. Debía llegar a Londres a finales de la semana. Tal vez necesitaba mucha distancia para sanar.
Distinguidos veleros y ferries se abrían paso con gracia a través del agua, con los edificios como perfecto telón de fondo. Los diseños parecían fluir con las majestuosas montañas y el agua, líneas fluidas y elegantes y bajas, aumentando en lugar de bloquear la vista de la naturaleza. La piedra caliza le daba un aire fresco al spa y los exuberantes jardines se colaban en torno a cada uno de los edificios rodeados de bancos, esculturas y fuentes goteando. El restaurante de sushi se jactaba de estar en un salón antiguo de té japonés y las paredes de bambú y hermosas sedas rojas se mezclaban en un espectáculo visual para los sentidos. Se habían pintado murales brillantes en las paredes de ladrillos antiguos que una vez albergaron a una estación de tren. Completamente restaurado, el paseo marítimo ahora le recordaba lo que la creatividad, TLC y un poco de dinero podría lograr.
La Dolce Famiglia fue la última tienda en ser revelada. Un paño extendido con el logo impreso cubría el edificio, las cuerdas listas para caer ante la señal de Pedro. La multitud se agitaba con entusiasmo y la banda comenzó a tocar con espectaculares florituras.
Alexa abucheaba y gritaba mientras Nick cortaba la cinta roja y Paula los acompañó con en el orgullo que se precipitó a través de ella. Nick había trabajado duro y creía en su visión para transformar la línea de costa en algo hermoso. Él creía en sus sueños. Tal vez era tiempo de que ella hiciera lo mismo. Podía ser que no consiguiera al hombre que amaba, pero tenía la capacidad de cambiar su carrera para conseguir mayor satisfacción. Después de pasar las fotos que había tomado en Bérgamo, un deseo interno por hacer algo más significativo floreció en su interior.
Por lo general, hacía caso omiso de tales instintos. En esta ocasión, se decidió a explorar su necesidad de capturar parte de la belleza del mundo con su única y
propia visión. Planeó excursiones de un día alrededor de sus tomas habituales, e hizo los arreglos para reunirse con algunos editores de revistas en Inglaterra que conocía para discutir algunas nuevas opciones para su obra.
Pedro se acercó al podio elevado. Su corazón se disparó. Cada célula de su cuerpo clamaba por el derecho a alisar de nuevo su pelo, tocarle la dura mejilla, y deleitarse en ese momento con él. Vestido con un elegante traje oscuro con una corbata morada, llenó todo el escenario con su presencia e inmediatamente la multitud se calmó. Su parecido oscuro y su postura sexi hacía murmurar a las mujeres a su alrededor con risitas y charlas. Paula luchó contra el instinto primitivo de decirles que retrocedieran. En cambio, permaneció en silencio.
―Damas y caballeros ―dijo por el micrófono―. Estoy contento de estar con ustedes para develar finalmente la culminación de un sueño familiar. Mi familia construyó su primera panadería en Bérgamo, Italia, con pastas cocinadas en la cocina de mi mamá. Con un montón de trabajo duro, los Alfonso abrieron tiendas en todo Milán y siempre soñaron con venir a Estados Unidos para compartir nuestras recetas. Ese sueño ya está aquí y agradezco a todos ustedes por compartirlo con nosotros.
La gente aplaudió y gritó. Luego pasó a agradecer a Nick y a Empresas Dreamscape, sus socios de negocios, y a una variedad de otros miembros que lo ayudaron a lo largo del camino. Luego hizo una pausa. Miró a la multitud. Y la apuñaló con la mirada.
Paula contuvo el aliento.
Sus ojos bullían de emoción. Hablaba como si estuvieran solos, cada palabra perforaba su mente y su corazón con una intimidad deliberada que hacía que un temblor corriera por su espalda.
―La familia es muy importante para mí. Esto es algo en lo que creo. El nombre “La Dolce Famiglia” es un símbolo de mis creencias y mi orgullo por lo que apreciamos. En lo que amo por encima de todas las cosas.
Las palmas de sus manos comenzaron a sudar mientras estaba clavada en el suelo, paralizada por su voz, sus ojos y su presencia.
―Ahora he descubierto un nuevo tipo de familia. Me he enamorado de una mujer increíble, que me hizo creer en un “felices para siempre”. Alguien que rompió mi mundo y me completó. Pero, por desgracia, ella no me cree. Las palabras no son suficientes para convencerla de que la necesito en mi vida. Que ella completa mi
vida. Por lo tanto, me siento orgulloso de revelar mi nueva panadería, y una nueva cadena para abrir en Estados Unidos, donde conocí a la mujer que quiero que sea mi esposa.
Con un movimiento de cabeza, tiró de las cuerdas y las soltó.
El elaborado logo señalaba con orgullosas letras en negrita el nombre.
La Dolce Paula.
La sangre bombeó a través de sus venas, y el mundo se le nubló, inclinándose y esperando. Parpadeó y giró su cabeza hacia Alexa, quien ferozmente extendió sus brazos y le dio un pequeño apretón.
―¿No lo entiendes, Paula? ―preguntó con lágrimas brillando en sus brillantes ojos azules―. Él te ama. Siempre fuiste tú, pero tienes que ser lo suficientemente valiente para ir tras eso. Tienes que creer que lo vales. Eso fue lo que me dijiste el día que Nick me confesó su amor por mí, ¿recuerdas? Si amas a alguien, debes pelear por él, una y otra vez. Mi mejor amiga no es una cobarde. Te mereces esto. Mereces amor.
Como un vampiro volviendo a la vida después de un sueño profundo, de repente vio cada color y forma deslizarse enfocándose nítidamente. Sus sentidos explotaron y comenzó a caminar entre la multitud, abriéndose paso hasta el escenario, donde Pedro la esperaba.
Se reunió con ella a mitad de camino. Ella estudió su hermoso rostro, la curva completa de su labio, la sombra de la barba sobre su barbilla, la nariz torcida, el calor hirviendo en sus ojos ónix. Él atrapó su rostro entre sus largas y duras manos y presionó su frente contra la de ella. Su aliento caliente se precipitó sobre su boca.
―Mi Paula, mia amore, te amo. Quiero vivir contigo, envejecer y tener bambinos contigo. Me destrozaste. Completamente. Nunca podré conformarme con otra mujer porque estaría aburrido a morir. ¿No lo entiendes? No quiero a la típica mujer que crees que me haría feliz, porque estas hecha para mí, toda tú. Tu sarcasmo e ingenio y tu sensualidad y honestidad. Tú me perteneces, y no voy a renunciar hasta que finalmente te convenza. ¿Capisce?
Ella ahogó un sollozo y se estiró hacia él.
Sus labios descendieron sobre los de ella y la besó profundamente, mientras el rugido de aprobación de la multitud se hizo eco en sus oídos. Su corazón se
expandió en su pecho y se acomodó. Una sensación de paz y de regreso a casa la inundaba y finalmente creyó.
―Te amo, Pedro Alfonso ―susurró con fiereza cuando sus labios liberaron los de ella―. Y lo quiero todo. Contigo, tu familia, tus panaderías, todo. Siempre te he amado, pero tenía demasiado miedo a tenerte.
La besó de nuevo. Pedro la cogió y la levantó alto, riendo de alegría. Se quedó envuelto en el estrecho círculo de sus brazos, finalmente completo.
Con su propia casa y su final feliz...

FIN ♥♥♥

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